REMEMORANDO TIEMPOS PASADOS

Como diría nuestro inolvidable, Antonio el Pastor.

A la entrá de Valsequillo.

Lo primero que se ve.

La vispara un día fiesta.

Jacintito y San Migué.

Antonio el pastor en el centro de la imagen

Una noche como esta, cuando yo era chico, mi padre me llevaba a Valsequillo, a la fiesta grande. Aunque yo siempre fui más de San Juan, me quedaban más cerca, no en vano, mis primeros treinta años los viví al lado de la iglesia. De ahí ahí mi religiosidad, pero al grano.

Lo primero que hacíamos cuando nos bajábamos del Beedford de Miguelito Navarro o de algún otro que piratiara ese día, era ir a la calle La Silla, a la panadería de «Los Andreses», a comernos un buen bocadillo de pan calentito con mantequilla.

No sé si eso lo hacía más gente o solo mi padre que era medio pariente de ellos por la parte de Dolores Cruz, mi abuela, o de Felipa Cruz, la madre de ellos. Lo cierto es que mi padre hacía ese ritual todos los años. Creo yo que para jartarme y que no lo volviera loco después con el guineo de «cómprame un calamar seco o una manzana de caramelo». Que era lo más, en aquellos días.

Luego, una vez acabados los fuegos, casi siempre se colgaba de alguien para que nos llevara para Tenteniguada. (Que gran diplomático se perdió con mi padre).

Aún así, muchas veces subimos caminando por» La jolla la entrá». Que aunque suponía meternos una hora caminando cuesta arriba, para mí era toda una aventura, esperando a que tras cada curva sucediera algo extraordinario, que apareciera el Perro Maldito, que como era sabido, andaba suelto.

Todo eso hacía que me sintiera grande.

¿A qué tantas prisas? Me pregunto hoy….

PACO DEL PINO

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