CASI UN CUENTO: CASOS DADOS

Bajo la influencia o llevados por la majadera, según se mire, de “La voz del Canarias Libre”, un grupo de jóvenes de aquí, de Tenteniguada, deciden emprender una caminata al Roque Grande, a nuestro majestuoso y mítico tótem. Hasta aquí nada del otro mundo, habida cuenta que desde tiempos inmemoriales era costumbre que, finalizadas las Fiestas de San Juan, nos fuéramos con nuestros familiares y amigos de belingo, comilonas y beberajes a dicho lugar o alrededores. Pero esta vez era distinto, el objetivo otro y los peregrinos o acompañantes menos, lógicamente.
Antes de continuar y como probablemente ustedes se estarán preguntando que, qué carajo es eso de “La voz de Canarias libre”, trataré de explicarlo y de explicármelo a mí, porque aunque a veces se piense que el tiempo pasa para los demás, también lo hace para cada uno de nosotros, y en consecuencia la memoria ya no es la misma. En cualquier caso, vamos al grano.
“La voz de Canarias libre”, en adelante utilizaremos la forma abreviada de ‘la voz’ para ahorrarnos palabras y simplificar el texto, que ya nos conocemos, fue una emisora de radio como ustedes han podido deducir, creada y dirigida, creo, por el ya fallecido abogado laboralista Antonio Cubillo, chicharrero él y para más señas, fundador y dirigente de M.P.A.I.A.C., que desde Argelia cada tarde-noche transmitía un programa donde arengaba y animaba a la población canaria a que se rebelara contra la metrópolis colonial.

Esta expresión, al parecer acuñada por él mismo, se hizo muy popular por aquellos años para referirse a España. Hay que reconocer que la aparición de dicho Movimiento con su correspondiente emisora supuso un antes y un después en la conciencia de los insulares. Fue una verdadera convulsión o revelación que no dejó indiferente a nadie, incluyendo a los mandamases de este lado y del otro del Atlántico. Pero sobre todo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, que se dice ahora, que si ya no tenían suficiente trabajo con la propia transición, ETA los GRAPO y algunas familias más que se me escapan en este momento, ahora me sale Canarias con el guineo de quítame allá esas pajas Eloísa. El asunto no dejaba de ser otro problema añadido, otro quebradero de cabeza que se sumaba a los ya existentes y que había que erradicar y acallar a como diera lugar.
Porque, aunque las ínsulas y desde la conquista siempre anduvo adormecida y como en una interminable siesta o modorra de siglos, no era plan que de pronto despertara por lo que había que tomar medidas, y se tomaron, ya lo creo, porque ya se sabe, mejor un por si acaso que si lo hubiéramos sabido. Además, ya se empezaba a hablar y a crearse organizaciones obreras, vecinales, sociales, etc., de corte autonomistas, unos, o claramente nacionalistas, otros, y no era de recibo que Cubillo estuviera tocando las narices e incitando a la rebelión a los aplatanados aborígenes.
La verdad es que las arengas y llamamientos a que nos alzáramos y rebeláramos, más que animarnos nos asustaban y acojonaban un poco si teníamos en cuenta que salíamos de una dictadura o de una situación donde no mucho tiempo atrás se torturaban o fusilaban a nuestros compatriotas sin muchos miramientos y con estos mimbres, me dirán. Porque una cosa es reivindicar nuestra identidad, nuestra cultura o idiosincrasia, etc., que puede ser una aspiración y obligación moral de todo pueblo que se precie y otra muy distinta es fajarse a dar tiros o pegar palos a diestro y siniestro, sencillamente, eso nunca ha entrado en los cálculos políticos ni en el subconsciente de los canarios.
Pero como ocurre a veces, solemos decir, la curiosidad mató al gato o al ratón o a los dos a la vez y, puede, al común de los mortales. Y todo quisque terminaba sintonizando la emisora, porque, otra cosa no, pero algo de morbo sí que tenía. Eso sí, siempre lo hacíamos con el volumen al mínimo, bajito, por si las moscas, porque podía haber moros por la costa o churros por el Zócalo que diría Cantinflas. Para entendernos, algún vecino resentido o ligero de lengua que no te quisiera bien y te la jugara. En fin, que entre los que escuchaban ‘La voz’, estaban de una forma asidua o regular, nuestros cándidos e ingenuos amigos que, henchidos de fervor y verborrea patriótica deciden marchar hacia el Roque para que en su cima o cúspide izar la bandera de las siete estrellas, como un obligado y sentimental tributo o contribución a la Awañak Guanche.
Este gesto romántico y hasta cierto punto noble, pudo haber pasado sin pena ni gloria o sin mayor transcendencia si de regreso a casa y a la altura de la tienda de Juanito Cabrera, ¿casualidad o mala suerte?, no hubiera aparecido y como por ensalmo, un coche patrulla con su correspondiente pareja de guardias civiles que mandándoles parar les preguntan qué de dónde vienen y a dónde van y ellos tan campantes y confiados y sin experiencia en movidas políticas (entonces pocos las teníamos), les dicen la verdad:
-Suban a coche- les sugieren o les ordenan los beneméritos.
Y se los llevan para el puesto de Valsequillo. No les interrogan, no les provocan y mucho menos los maltratan. La Democracia está en marcha y todo el mundo, o casi, quiere que funcione sin muchas complicaciones. Hay que decir, por lo que yo recuerdo, que en nuestro país o en nuestro ámbito nunca hubo tantas ganas y voluntad de cambio como por aquellas fechas y esto se reflejaba también en las instituciones y en cualquier estamento del estado. Pero a pesar de todo, a nuestros vecinos los retienen todo el santo día sin probar bocado y aburriéndose como ostras en sus caparazones o conchas, en este caso, en las instalaciones del Casco.
Mientras la bandera ondeaba en soledad en lo más alto del Roque a merced de los elementos: la lluvia, el sol, el viento; que en aquellas latitudes cuando estos se desatan lo hacen de lo lindo y a lo bestia. Que sepamos, la guardia civil no fue a retirar la bandera del lugar. En realidad a nadie le importaba y a nadie molestaba, por lo que sospechamos que moriría desgastada y desecha de pura vejez y ventoleras.
Para concluir, nuestros protagonistas, amigos y convecinos, en aquellos momentos por la rabia o quizás por darse un poco de importancia, a nadie le amarga un momento de gloria, pensaron que alguien de la zona le daría el soplo a los guardias.
Pero hoy, con la distancia y el tiempo transcurrido lo ven de otra manera y consideran que al decirles la verdad a los agentes, ellos solitos se pusieron la soga al cuello, por decirlo rápido y exageradamente, y que en cualquier caso lo que pretendían estos era cubrir el expediente, hacerles la puñeta, y quién sabe si de paso combatir el tedio y la monotonía persistente y crónica de nuestro querido Valsequillo. ¿Quién sabe? Son casos dados.
Tenteniguada 2026
