MACHÍN

machin            No sé si tendré razón, pero para mi gusto antes la gente era más sociable. Hoy en día (como dice el chaqueta) hay mucho “metío pa dentro”, vaya, que le cuesta trabajo relacionarse con los demás, dé usted los buenos días, que no el buen día importado, y verá como mucha gente se le queda mirando como extrañado y quizás pensando: ¿y este a mí de qué me conoce?, y por supuesto que nada de devolverlos. Tengo un amigo que cada vez que llega a un sitio y da los buenos días, si nadie le responde dice con vehemencia y en voz alta: “aquí, o son tos soldos, o extranjeros me cago en”…, pero bueno si esa gente son así que con su pan se lo coman, pero, amigos, eso es como conducir que aunque la mayoría de la gente es prudente, los que conducen como locos llaman tanto la atención que parece que son más. Sin duda la mayoría de la gente es sociable y les gusta más la jarana que aburrirse con solemnidad y a esa misma gente le gusta los dicharacheros; y dicharachero al máximo era el personaje central de esta anécdota que no es otro que Domingo Librado Calderín Calderín (Machín) que más que ir de gracioso, caía en gracia que es lo bonito. Hombre popular y amigo de todo el mundo del cual todavía se cuentan algunas de las peripecias con las que él se daba gusto y hacía reír a los demás.

 

            El apodo, como ustedes saben, lo adquirió Machín trabajando en los invernaderos de cristal, osease, los de arriba, se lo pusieron unos peninsulares que vinieron aquí precisamente para construir esos invernaderos y según ellos Domingo se parecía al cantante Antonio Machín.

            Para contar esta pequeña historia tenemos que salir del pueblo, pero esta salida está más que justificada ya que esto sucedió en el Día del Pino, no, más bien  la víspera. Salimos de Valsequillo en el Salcai hasta Telde, desde allí nos trasladamos a Las Palmas y luego en “el hoyo”, cogimos el Utinsa para Teror, que saben ustedes que antes subía por Arucas parriba. Durante todo el trayecto, Machín que era todo un alegantín y a mí que tampoco me gusta, íbamos los dos hablando como cotorras ¡oh, fíjense como sería eso que una viejita, la pobre, que iba unos asientos más alante, ya cansada con aquel guineo nos dijo: ¡cállesen ya!, ¡me tienen ya hasta mariá!, ¡jasta ganas de arrojar tengo! Pa qué fue aquello, la cogió Machín y no le dijo más por que no supo ¡oiga! de la emparejá que le metió, la vieja no dijo más ná en tó el camino, ni patrás miró.

            Ya por fin en Teror íbamos los tres, ¡ah! que se me olvidó, iba también con nosotros nuestro primo Antonio Miguel hombre corpulento y serio y paseando por aquellas festivas calles llenas de gente cantando, tocando la guitarra, tol mundo echando copas sin tino, y es que las fiestas de Teror espabilan hasta al más aburrido. Cada vez que pasaba un grupo de chiquillas, Machín que tenía la cara como la suela de un zapato les decía gritando: “adiós mochas”, Antonio y yo íbamos afrentaos y él muerto de risa. Una de las chiquillas se viró pa él cuando oyó aquel ”piropo” y le dijo: “nosotras no somos mochas” y díjole Machín al instante: pos cuesnúas entonces.

            Antonio y yo prácticamente no bebíamos por ese entonces y como Domingo había dejado la bebía, se estaba jincando toda “la sin beber” que podía, se cogió una chispa, amigo, de las de camisa por fuera y eso que todavía era por la tarde. Bueno, al caer la noche a Machín le entraron ganas de “dar de cuerpo” y se metió por debajo de donde se ponían antes los cochitos, en un cañaveral. Al rato Antonio preocupado, me decía que ya le parecía mucho tiempo y a lo mejor a Machín le había pasado algo. Un rato más tarde, como media hora, no, quizás tres cuartos, Antonio que tenía un mosqueo del carajo pa riba me dijo: “mira, tú te esperas aquí por si acaso él viene en lo que yo voy a buscarlo porque no me aguanto más”. Al cabo de un rato aparecen Antonio Miguel y Machín medio tuntuniando y los dos muertos de risa, entonces les pregunté qué fue lo que pasó y Antonio me dijo. ¿chacho, tu sabes lo que estaba haciendo este cabrón?, estaba durmiendo, en eso que le pregunto yo a Machín: ¿pero, chacho, tu no fuiste a cagar? Y él me contestó con la gracia que se llevó a la tumba: “sí, pero se me olvidó la gana”

            “Dedicada con muchísimo cariño a la memoria de mi entrañable primo Domingo, que aunque su paso entre nosotros fue fugaz tuvo una vida muy intensa colmada de buen humor y de felicidad”.

San Miguel finales de los 70

Machín, el primero de la izquierda detrás de Paco mi niño, en una actuación de Almogaren en la Fiesta de San Miguel de finales de los ’70
 
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