EL NIÑO QUE CRUZÓ EL TIEMPO

Y usted avanzó a través del pasaje del tiempo para encontrarse en un recuerdo fortuito de una isla del Atlántico, con esencia caribeña. Perfiles de color y sosiego dormido en tus fachadas.
Ventanales que en otra época evocaron bonanzas de clase alta, en la rampa adoquinada de tus pendientes hoy colgué mis ojos para verte hermosa. Calle de calles, rincones del alma, que suspirando se van los tiempos por la pendiente de los días y las noches estrelladas que comparten tus farolas opacas, para dejar constancia de la eterna libertad del contraste luminario.
Cuántos zapatos lustraron tus adoquines con el reflejo de su pellejo brillante, cuántos chismes murieron en las ventanas de las cortinas escondidas que colgaban expectantes noticias de la vida.
La calle sacude su esbelta sintonía lánguida y romántica, una silueta ornamental de un pasado victorioso de indianos que regresaron, de lamentos que murieron, de historias de amor de dos orillas. De alegrías y serenidades.
Viejos maderos que esconde arrullos de aves y huellas de aguaceros del Atlántico, nidos vacíos sin refugio. Calle del amanecer. Ella fue en la aurora el espejo de los primeros albores, ella miró a los ojos al gigante de fuego que iluminó resaltando sus colores junto al mar.
Calle de mi esperanza, calle de mis recuerdos hoy tus tacones no son lejanos, ni mundanos, son de infantes y deportistas que, disfrazados de turistas, pasean escudriñando tus formas y colores. Que un artista anónimo fotografió palpitando los duendes del recuerdo. Y usted jovencito del futuro cruzó entre dos tiempos opuestos.
FELI SANTANA
