PARALELISMOS DEL SAN MIGUEL DE LUJÁN PÉREZ

Apolo pitón 2“El Hermano Olvidado de Tejeda del San Miguel Arcángel de Valsequillo de Gran Canaria, obras de José Luján Pérez, y sus paralelismos con la leyenda griega de Apolo dando muerte a la Serpiente Pitón”

Nos encontramos, en estos días de plenas Fiestas en honor al Patrono de Valsequillo de Gran Canaria, San Miguel Arcángel, a tres años del centenario de un trágico suceso sucedido también en Gran Canaria, pero en el pueblo cumbrero de Tejeda, concretamente el 13 de agosto de 1920, y que consistió en un gravísimo incendio que destruyó la entonces histórica Iglesia de Nuestra Señora del Socorro, con 350 años de antigüedad, a la vez que quedaron calcinadas y perdidas para siempre la mayor parte de piezas que conformaban el inventario iconográfico y artístico del antiguo templo, entre ellos la escultura imagen de la propia Patrona, Ntra. Sra. Del Socorro, realizada por el escultor palmero Arsenio De las Casas.

 

apolo y la serpiente piton 7 728Quedaron desechos de las llamas seis cuadros, catorce Vía crucis, un Órgano traído por indianos, joyas, vestimentas, y quince imágenes escultóricas religiosas, entre las que destacaba, además de la propia Patrona, la Imagen de San Miguel Arcángel que había sido realizada, al igual que su homónimo valsequillero, por el artista guiense José Luján Pérez en el año 1814, un año antes del fallecimiento del ilustre imaginero, y encargada pocos años antes por José Guerra Suárez, natural de Tejeda , presbítero y rector del Hospital de San Martín en Las Palmas de Gran Canaria, y quien ya conocía y admiraba la obra del guiense en Valsequillo, pretendiendo contratar una imagen natural para su pueblo natal cuyo alcalde entonces era su propio hermano Alonso Guerra Suárez. La familia Guerra dinamizó la festividad de San Miguel Arcángel en Tejeda hasta el incendio en 1920, con posterioridad la propia familia retomó dicha Fiesta en 1933, tras donar una nueva imagen homónima.Iglesia antigua de Tejeda

Las dos imágenes guardan un gran parecido estético, estilístico e iconográfico, como pueden ver en las fotos que acompañan este escrito. Aunque la imagen de Tejeda aparece en blanco y negro, también fue efectuada como talla en madera policromada, al igual que la imagen de Valsequillo, realizada con anterioridad por José Luján Pérez entre 1804 y 1806, encargada por el sacerdote Antonio Macías, y realizada como talla en madera policromada, estofada y tela encoladas, con unas dimensiones de 1 metro y 32 centímetros de altura. En su llegada a Valsequillo para complementar la Imagen de San Miguel Arcángel “El Chico” (segunda mitad del siglo XVII, talla de madera policromada de 20 centímetros), el templo valsequillero de San Miguel Arcángel era entonces una histórica Ermita, elevada a parroquia desde 1800 segregándose de la de San Juan Bautista de Telde, y que a principios del siglo XX sería derribada para dar paso a la destacada Iglesia de San Miguel Arcángel actual.

Ambas imágenes lujanianas reflejan a San Miguel Arcángel ataviado como soldado, sosteniendo una espada alzada que ejecuta la lucha frente al diablo, representado a su vez como un lobo o perro feroz, con dentaduras terroríficas, que en Valsequillo de Gran Canaria ha desembocado en la popular Fiesta del Perro Maldito. San Miguel Arcángel es el Patrón de los caballeros, comerciantes, y de todos los oficios y menesteres relacionados con las armas y las balanzas.

Haciendo una comparativa entre las dos Imágenes, la de Tejeda ofrecía un rostro más inocente, escorzo menor en la cintura, botas ajustadas mediante un cordón, espada salomónica y de mayores dimensiones, resultando también más depurados los diseños de la coraza y peto. En las dos imágenes, la figura de San Miguel Arcángel mantiene una aureola más de ángel que de guerrero, victoriosos derrotando con su espada alzada hacia el fiero can. En los respectivos cascos es donde si se palpa mayor diferencia entre las dos imágenes. Por lo que respecta a la Imagen de Tejeda, desgraciadamente destruida por el incendio, es más que probable que se tratase de la última creación de José Luján Pérez antes de su fallecimiento en 1815.

José Luján Pérez (Santa María de Guía, 1756-Santa Brígida, 1815, Gran Canaria) ha sido el primer escultor canario que supo representar dentro de la producción artística local del Archipiélago, de forma académica y de manera magistral los valores clásicos grecorromanos en la Escultura en Canarias. Para esto tuvo bastante que ver en el ámbito estatal español la creación en Madrid en 1752 por impulso del rey borbónico Fernando VI de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando influenciado por la obra de su hermano Carlos III, y en la cual se volvieron a fortalecer los argumentos artísticos clasicistas grecorromanos que en España habían imperado durante el Renacimiento, pero que había declinado con los tiempos para tener que ser imbuidos por una nueva tendencia también influencia de Italia, lo que vendría a llamarse el Neoclásico.

José Luján Pérez, quien desde su infancia en Gran Canaria despertó interés por sus enormes dotes de dibujo y modelado, recibió clases en la capital insular, aunque en sus obras de madurez refleja un total dominio artístico propio de haber pasado por la Real Academia de San Fernando, hecho que hasta la fecha nunca se ha podido afirmar documentalmente, aunque sí se conoce del paso por dicha academia de dos sacerdotes tinerfeños que a su llegada a Gran Canaria para laboral en el Obispado y la Catedral de Santa Ana, con el espíritu propio de los Ilustrados, y apoyados por el Obispo Manuel Verdugo, impulsaron el clasicismo en Gran Canaria en las Ciencias y en las Artes, trayendo libros, imágenes, ilustraciones y enciclopedias de la Academia que acabarían en la casa de José Luján Pérez. Estos sacerdotes serían José de Viera y Clavijo y Diego Nicolás Eduardo, este último autor de la fachada Neoclásica de la Catedral de Santa Ana, y a cuyas órdenes en dicha magna obra estuvo José Luján Pérez. Por ese tiempo se dio la obra del pintor grancanario Juan de Miranda, de igual relevancia que la de Luján.

Miguel buenoLa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando concibió para la formación de sus artistas la importación de modelos clásicos desde Roma, que el alumnado debía imitar durante su aprendizaje, tanto esculturas de inspiración griega como bustos romanos, así como escenas y escenografías grecorromanas que claramente procedían del mundo religioso pagano del Olimpo. De este modo, las alegorías de San Miguel Arcángel combatiendo al demonio tienen su germen en la Leyenda del dios Apolo matando a la serpiente Pitón. En la mitología griega, Apolo, siendo joven, mató al fiero dragón Pitón que habitaba en Delfos junto a la Fuente de Cestalia, como venganza de que años antes Pitón había intentado violar a Leto, madre de Apolo, mientras se encontraba embarazada de Artemisa y del propio Apolo. En las imágenes mitológicas, Pitón aparece tanto como una figura monstruosa a modo de serpiente o dragón, con dentadura horrorífica, y Apolo dispuesto a ejecutarlo bien ayudándose de una espada, arco y flecha o de una lanza, o incluso con sus propias manos.

Siguiendo esta tendencia artística clasicista emanada desde el ámbito público y artístico estatal, José Luján Pérez en sus dos creaciones de San Miguel Arcángel, las de Valsequillo y Tejeda, las concibe desde el canon de reproducciones y reinterpretaciones del Pasaje de Apolo y de la Serpiente Pitón, con la boca entreabierta por el esfuerzo producido al levantar su arma contra el diablo que a su vez pisa y retine bajo sus pies, justo antes de lanzarla hacia el cuello demoniaco, es el momento decisivo, llamado también momento pregnante, el del preciso instante que capta nuestra atención, el de la ejecución de la victoria ante el demonio derrotado.

FRANCISCO JOSÉ CABRERA DOMÍNGUEZ

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