VIRUS STAR

La lideresa Olona y los suyos no inventan nada. La ultraderecha americana hace ya tiempo que pasó por donde ahora pasean ellos

En tiempos de crisis surgen los verdaderos liderazgos. La frase, tan repetida últimamente, tiene una gran parte de verdad. También una parte subjetiva, esa en la que, cada uno, se cocina al gusto lo que considera un líder. En la imagen, Macarena Olona, a la que no pueden ver ya que el autor de este montaje ha decidido llevar su comentada mascarilla hasta las cejas y más allá. Macarena se ha destapado en los últimos días como una auténtica lideresa. Lo ha hecho en el ámbito de la extrema derecha española. En sólo una semana, la tapada portavoz de Vox en el Congreso no ha destapado uno, ni dos, sino tres escándalos de dimensiones estratosféricas. 

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Según esta representante del pueblo español, el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habría puesto en marcha un magno plan contra los más ancianos consistente en aplicarles la eutanasia masiva en hospitales y residencias. La tesis de la diputada es tan sencilla de entender como esclarecedora: como PSOE y UP no tuvieron tiempo de aprobar la eutanasia en el Congreso –ley de muerte digna, según la dictadura progre–, han decidido, por la vía de los hechos, darle matarile a nuestros mayores sin pasar por trámite parlamentario. Modo freestyle, vaya: Pablo a las residencias y Pedro a los hospitales. Un trabajo en equipo. Duele bromear con esto, pero algunos no tenemos más tratamiento paliativo que el humor.

Días antes de esta revelación de la lideresa Olona, llegaba su primer gran éxito mediático, el que la pondría en la senda del liderazgo de ultraderecha junto a otras estrellas como Abascal, Ortega Smith, Rocío Monasterio o Iván Espinosa de los Etcéteras. El Gobierno socialcomunista que padecemos quería aprovechar la crisis de la Covid-19 para espiar la intimidad de los españoles vía teléfono móvil. Pablo Iglesias, personalmente, revisaría tu cuenta corriente del banco, tus likes en Tinder y tus correos corporativos. Así, si al vicepresidente por la gracia de Maduro le molestase lo que viera, podría incautarte la cartilla del banco, prohibir tu ligue a distancia o nacionalizarte la empresa al no ser de su agrado el logo elegido. La realidad, fuera del universo Vox, era otra: el Gobierno iba a estudiar de forma anónima los desplazamientos de población para entender los flujos de movilidad como parte de la campaña de prevención contra el virus. El mensaje de Olona llamando al boicot –cuando salgamos a la calle pongamos los móviles en modo avión– corrió como la pólvora entre los canales de difusión de la España que madruga para difundir bulos. Iglesias espía tu móvil, pásalo. Eutanasia por la vía de los hechos, una verdad que el Gobierno no quiere que sepas, pásalo. 

Entre un pásalo y el siguiente, una noticia del ámbito digital cayó como un jarro de agua fría entre la ya emergida lideresa Olona y el universo Vox: la plataforma Whatsapp, líder en sistema de mensajería, había decidido limitar, a nivel mundial, el número máximo de reenvíos para evitar la difusión de bulos en tiempos de crisis sanitaria. “Whatsapp no nos quiere, pásate a Telegram”, ordenaron los gurús tecnológicos de la ultraderecha, comenzando un contraataque que también lideraría en el Congreso de los Diputados Macarena Olona. Servicios de verificación de noticias como Newtral o Maldita, encabezados por Ana Pastor, practican la censura en la red, son una Gestapo. Según la tesis de Olona, la periodista Ana Pastor sería la responsable de que dos de las mayores redes sociales del planeta –Facebook y Whatsapp– hayan decidido ponerle freno a las fake news en tiempos de pandemia. La lideresa Olona y los suyos no inventan nada. La ultraderecha americana, pionera a la hora de construir realidades alternativas que se adaptan a las necesidades del sector, hace ya tiempo que pasó por donde ahora pasea Olona. Ante el contratiempo que suponen para los fabricantes de bulos la existencia de los sistemas de verificación de noticias, decidieron señalarlos como censores y emprender una nueva lucha ficticia: la de la libertad de expresión, la libertad para poder contaminar de bulos el entorno sin que nadie te los señale como bulos.

En la imagen, Macarena Olona. Debido a la posición de la mascarilla en este montaje, ni usted la puede ver ni ella puede ver más allá de su imaginación. Quédense con su nombre porque ha nacido una estrella.

GERARDO TECÉ

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