TRUHANES, SEÑORES Y SILENCIOS CÓMPLICES

Recuerdo escuchar de pequeña la canción de Julio Iglesias “Soy un truhán, soy un señor” y a
mí, aquello me sonaba raro. La palabra truhán la percibía como un insulto, algo de lo
que no se debe presumir.
Hace unos días salía a la luz de una investigación periodística en la cual se denunciaban casos de presuntas agresiones sexuales cometidas por el cantante. Y pocas personas parecieron
sorprenderse. Teníamos la imagen de un conquistador. La mayoría de gente ha oído la frase de
“Julio Iglesias es tu padre, y lo sabes”. ¿Pero por qué tenemos esa imagen de él? Quizás es fruto
de su actitud hacia las mujeres. En los últimos días hemos visto como se recuperaban vídeos del
cantante teniendo una actitud inadecuada con reporteras y entrevistadoras que simplemente
hacían su trabajo. Vemos como les hacía comentarios con connotaciones sexuales, invadía su
espacio personal e incluso las besaba sin el consentimiento de éstas.
A pesar de conocer la forma de tratar a las mujeres de Julio Iglesias, enseguida le han salido
defensoras. Especialmente llaman la atención dos de ellas: Isabel Díaz Ayuso y Ana Obregón.
La primera resulta mucho más dañina, puesto que no solo se trata de una opinión personal, se
trata de una posición institucional. Si cuando sale una mujer denunciando una agresión sexual,
lo primero que hace la presidenta de la comunidad autónoma, que es capital del país, es darle
su apoyo público al denunciado ¿Ese tuit tiene el propósito de enviar un mensaje para las
víctimas de agresiones sexuales? ¿Está contribuyendo a la desconfianza hacia esas víctimas?
Eso sin entrar a valorar las políticas en materia de igualdad que pueda ejecutar una presidenta,
que ante una denuncia no tarda en dar su apoyo al presunto agresor.
En cuanto a Ana Obregón, no podemos ignorar que es una persona muy conocida y seguida,
por lo tanto, tiene voz en espacios donde el resto no tendríamos acceso. Es por eso por lo que
debemos reflexionar sobre la importancia de dar espacios a estos discursos.
Y ante todo esto ¿qué podemos hacer desde nuestro entorno? ¿Qué sentido tiene hablar de un
personaje que nos queda tan lejano desde nuestro pueblo? Pues no contribuir a que se expandan
ese tipo de actitudes. No normalizar lo que no es normal.
No pocas veces he oído en varios escenarios de Valsequillo a hombres referirse a mujeres como
“golfas” a que “iba vestida como una put*” o cuando se sabe que una mujer ha denunciado,
contribuir al descrédito sistemático de la palabra de las mujeres. Porque si alguien tiene actitudes
como aquellas que normalizábamos de Julio Iglesias, (ya sabemos que es una estrella y de
naturaleza mujeriego), no debemos callarnos. Porque tanta gravedad tiene el que profiere estos
discursos, como los silencios cómplices de los que callan.
Ya que ante una denuncia de agresión sexual lo mínimo que se debe exigir es prudencia y con
respecto al ámbito político también responsabilidad institucional.
Y si hablamos de Julio Iglesias, no podemos decir que no proyectaba una imagen diferente. Al
fin y al cabo, lo ha cantado en numerosas ocasiones: él es un truhán, es un señor.
TAIRY DEL PINO GONZÁLEZ
