EL PERINQUÉ: UN MUNDO DE LETRAS

La palabra «escritor», proviene del latín scriptor, que significa «el que escribe». Es la persona que plasma ideas con palabras, ya sea en obras literarias, poemas o ensayos. Se distingue del «escribiente o amanuense», éstos escriben al dictado de otros, y del «escribano», una suerte de notario jurídico.
El periodista informa y sus estilos se refieren tanto a las áreas de especialización, (deportes, política, ciencia) como a las formas de narrar, (noticia, reportaje, opinión), además de la manera «personal» de escribir (claridad, rigor, subjetividad/objetividad), usando géneros como la crónica, la entrevista o el artículo de opinión.
Hay mucha gente que no distingue un estilo literario de uno periodístico.
Y con la misma alegría pulsan el interruptor y no saben quién domesticó la electricidad.
Es dudoso que Benjamin Franklin, Tales de Mileto, William Gilbert, Alessandro Volta, Thomas Edison o Nikola Tesla, vayan a molestarse. Pero si hay apagones, esa misma gente exige como si faltara el oxígeno.
Valsequillo es cuna de escritores.
Y llamarles «licenciados» o «literatos» como insulto, sólo rebaja al emisor. Nunca al escritor.
Se me ocurre nombrar a algunos autores que he disfrutado leyendo este año saliente, a riesgo de dejar a otros atrás. En crítica política a Juan Ojeda (conocido como Juan Pi), en critica social al autor Romén Suárez, en entrevistas a José Manuel González (conocido por Mané) y en relatos breves a Hermann Hellbush, Feli Santana y Miguel del Pino.
Y los he disfrutado.
En libros editados títulos como «Memorias del despertar» (Feli Santana), «El secreto de la medusa» (Ángel Sánchez de la Cruz), «Seres oblicuos» (Richard Rodríguez) o «Siempre contigo» (Raquel Calderín). Y otros autores de temática diversa como María Teresa Cabrera, cronista oficial de Valsequillo y Yeray Melián, con conocimientos en la cultura popular canaria. Letras que se suman a creadores que han exaltado al municipio como Eloy Naranjo, Joaquín Nieto, Mar Zeraus o Ayoze Himar González.
La lectura tiende puentes a mundos reales o imaginarios. Pero nadie está obligado a cruzar.
Y los que crucen, no deberían pedir perdón.
En autocracias y democracias, el mal gobierno siempre querrá controlar las letras y la opinión.
A modo de ejemplo, la alemania nazi quemó 20.000 libros en mayo de 1933. Una etapa oscura de la historia que vamos camino de repetir. Se hizo una obra para que no lo olvidemos: El monumento a la quema de libros en la Bebelplatz de Berlín, donde una «estantería vacía» simboliza lo que perdió la sociedad prohibiendo libros de Freud, Marx y Einstein.
Heinrich Heine vaticinó: _»Donde se queman libros, al final, también se quemarán personas».
Y ahí empezó todo, tolerando la primera hoguera
REYES BOLAÑOS






