CIEN DÍAS PARA CAMBIAR EL RUMBO

Balance de energía y determinación en el inicio de una nueva etapa política en Valsequillo
A menudo, las zancadillas del destino liberan la energía negativa que obstaculiza el relato. Cuando el mensaje va cargado de entusiasmo, trabajo y programación, unos pocos se hacen aprendices de obrero y pasan a ser maestros de obra, por la imperiosa necesidad de tomar el toro por los cuernos. Este relato viene a ratificar los hechos por los que un pueblo puede ser objeto de las corrientes, formas y mandatos de quienes lo gobiernan.
Parece que las cornetas del apocalipsis se han detenido por falta de fuelle, que los malos presagios se confirman en voluntades críticas y que el arca de Noé, cargada con la esperanza del pueblo, navega lenta y firme sobre aguas revueltas de abnegación. Todo esto puede reconducirnos al Génesis, a la necesidad de reconstruir y gestionar desde una óptica resolutiva y firme, tomando decisiones a veces incómodas y a veces necesarias. Ya sabemos que nunca llueve al gusto de todos, pero los objetivos deben mostrarse clarividentes y las líneas de trabajo deben ser renglones correctos de lectura visible.
No voy a hacer resumen de acciones del nuevo gobierno municipal; me conformo con las actitudes demostradas y la energía recibida. El entusiasmo por regir el pueblo de todos es la primera consigna: bajar las voces del desaliento, atender el olvido, promover las corrientes culturales y la desidia deportiva, planificar objetivos y abrir la puerta de la comunicación institucional al eco de todos, donde el pueblo tenga la palabra y la escucha, y también su acción a través de las manifestaciones sociales. Un reto titánico tras salir del desierto enclaustrado que se brindaba sin sentido.
Cien días de carrera de obstáculos para gente dinámica, capaz de brillar sin aplausos, de ordenar sin mando, de avanzar sin represalias, de concertar con cercanía; de delegar con acierto y mantener la esperanza en un Valsequillo mejor como pueblo, donde las oportunidades se fragüen con las necesidades y los hechos prevalezcan sobre los discursos, encontrando el punto de cocción para la continuidad de esos valores.
Valsequillo necesita de todo: avenidas abiertas y limpias que inviten al paseo; carreteras seguras con mantenimiento y resalte; mobiliario urbano actualizado; un teatro decente para las manifestaciones creativas; salas de exposiciones; pabellones para la exaltación del deporte y su poder. Una reconversión profunda en el valor del patrimonio y su manifestación; una mirada continua y acción en los barrios; un alzamiento al Valsequillo turístico y su marca espléndida de paisaje y variedad. Tantas cosas que el listado de este apuesto equipo comienza por las prioridades, las urgencias y el orden administrativo para la mejor gestión. La fórmula del 24/7 se multiplica; el tiempo de entrega a la causa se estira y la necesidad obliga.
Cien días después, mantenemos la esperanza, la mirada y el pulso a los aconteceres. No hay nada más motivador que sacudir la ilusión y sumar voluntades. El pueblo debe mirarse en su espejo, en el del trabajo y el resultado.
A por otros cien de ejecución y valor. Nadie dice que sea fácil, pero juntos el objetivo brilla mejor.
Feli Santana
