TODO LO HEMOS HECHO MAL

LUISA DEL ROSARIO

LUISA DEL ROSARIOCada día encontramos cientos de mensajes poniendo de relieve lo que hemos aprendido con esta pandemia. Unos dicen que nos hemos dado cuenta del valor de la solidaridad, otros que hemos conocido por fin a nuestro vecindario, aún hay quien piensa que estamos viendo lo importante que es la sanidad pública, y no faltan los que creen que sirve para demostrar que nos habíamos olvidados de las pequeñas cosas.

 

Llama la atención que todos esas posibles «conocimientos» revelados ahora por el confinamiento hubiesen estado siempre ahí, pero a casi nadie le interesaban porque la vida, en general, nos iba bien.

Lo que parece que no era tan evidente es eso que ha señalado el filósofo alemán Jürgen Habermas: «Nunca ha habido tanto conocimiento sobre nuestra ignorancia». El frankfurtiano se refiere, obviamente, a la incapacidad global de la humanidad para enfrentarse a un virus, a las dificultades que, en conjunto, tenemos para contener esta pandemia pese nuestra capacidad tecnológica.

Pero también puede entenderse en un segundo sentido. El de la ignorancia generalizada que se palpa en esos mensajes que difunden teorías conspiranoicas sobre el origen del Covid-19, sobre cómo se «ocultan» fallecimientos, sobre la desescalada, las mascarillas, sobre la improvisación de los gobiernos nacional y regionales, sobre la vacuna, sobre los superalimentos que nos protegen, o sobre lo «mal» que lo ha hecho Fernando Simón. Porque de repente todos somos epidemiólogos, virólogas y científicos. Todas somos expertas en pandemias, expertos en gestión de catástrofes, especialistas en todología. Nunca ha habido tanto conocimiento sobre nuestra ignorancia, sobre el desprecio generalizado que hemos incubado hacia el conocimiento, el anti-intelectualismo. Que un actor, y no especialmente bueno, un entusiasta del matonismo político o el tertuliano de turno a sueldo insulten a un experto en epidemilología no es más que un disparate más en medio de este caos en el que pedimos planificación en un estado de pura entropía. Nunca había quedado tan de relieve que todo lo hemos hecho mal, pero no en esta pandemia, sino antes de ella, porque abandonamos la educación aceptando la ridícula ideología de adaptarla al mercado laboral. Ahora nos hemos dado cuenta de que lo que el sentido de la educación es comprender el mundo en el que vivimos. Y como España está a la cola de Europa en educación y Canarias a la cola de España, tenemos lo que tenemos: Ignorancia de en qué consiste el conocimiento.

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