LUCÍA MELIÁN, LA MÁS EXPUESTA

Es previsible que el maremoto de las mareas del Pino puedan llegar desde Las Palmas de Gran Canaria a Valsequillo durante el mes de Septiembre. Y miren ustedes, estamos a 570 metros sobre la Plaza de Santa Ana y, aún así, nos pringa el chapapote que ya está escupiendo PRICA (Primero Canarias) en forma de «caramelos envenenados».
En política, uno no se encuentra nunca lo suficientemente lejos para considerarse a salvo de las marejadas. Las olas del Pino llegarán en apenas unos días y, a falta de sunamis oceánicos, nos conformaremos con observar el vaivén político, apestoso y soterrado, con olor a cloaca rural, que viene prometiendo puestos de relevancia y cargos de confianza de cara a las próximas elecciones. También en Valsequillo.
Entre tanto desatino y tanto zarandeo, no podemos dejar de pensar en las ilusiones desvanecidas producto de las miserias humanas; tampoco nos olvidamos de los esfuerzos inútiles ni de las batallas perdidas.
Por el contrario, nos preguntamos, qué pasa con las personas que creyeron en nosotros, que lo dieron todo, los que demostraron su integridad y su honestidad pero que, de una forma u otra, les hemos defraudado. ¿Qué pasa con ellos? ¿Merece la pena tanto sacrificio para luego darte de bruces contra la política más miserable?
Entre todos los damnificados del previsible naufragio político en Valsequillo hay una persona que arriesgó más que nadie, que expuso más que cualquiera y que se ha convertido durante bastante tiempo en el foco del insulto, el ataque y el objetivo permanente de humillaciones y desprecio.

Lo del intento de linchamiento en el Pleno del pasado martes rebasa todas las reglas y principios democráticos.
Sin embargo, la entereza, la fortaleza y la mirada limpia han podido en todo momento contra tanta infamia y tanto rencor. El saber estar ha driblado con suma inteligencia cualquier acercamiento embarrado sin permitir que le pringuen las lenguas viperinas malolientes y ha esquivado con sutileza los ataques con saliva envenenada del dragón de Komodo.
Nos referimos a la Concejala No Adscrita, quién ha demostrado un temple y un proceder propio de una persona consecuente, íntegra y con carácter.
Grande, Lucía Melián.
De momento, lo más positivo es que ni las mentes enanas, ni las lenguas malolientes, ni los gigantes y cabezudos, ni los dragones de Komodo, o ni tan siquiera los maremotos, han podido con ella a pesar de las lágrimas desbordadas.
Nada le puede y la mirada del dragón enfurecido que antes le asustaba, hoy le da más ánimo, más fuerza y más empuje para seguir adelante con su principal objetivo: defender con honestidad y honor a los vecinos de Valsequillo, a los que le votaron y a los que no.
¡Qué contrastes! La fiera misógina enfurecida que asustaba a todos los que, de alguna manera se lo permitían, ha pasado de provocar terror a la más absoluta insignificancia. Y Lucía lo ha desenmascarado con toda la solvencia que le da, sin pretenderlo, dejar al alcalde haciendo un espantoso ridículo y hablando solo desde su sillón, mientras ella abandonaba el salón de plenos después de cumplir su obligación con los votantes que la han elegido.
Ojalá siga Lucía manteniendo la calma y la esperanza. Ojalá que el fango no le haga abandonar su vocación política y su compromiso con los vecinos de Valsequillo.
Ya falta menos, Lucía.
Recuerda el objetivo: Mayo de 2027 ya está más cerca.
Mucho ánimo y a seguir tu camino con ese espíritu independiente y ese criterio propio; mucho ánimo para andar esa senda llena de dificultades, pero muy esperanzadora para quienes creemos en tí y que te hace distinta y única.
¡Enhorabuena, Lucía Melián!
ANTONIO MIGUEL SOSA ROBAINA
