LA FOTO DE FAMILIA

Advertencia al que lee (o descargo de responsabilidad para almas sensibles)
Lo que están a punto de leer es un cuento de ficción. Absolutamente ficticio. Cualquier parecido con personas, asociaciones, cargos públicos, sonrisas de compromiso, fotos de familia, reuniones eternas, silencios estratégicos o abrazos de circunstancias es pura coincidencia.
El autor no se hace responsable de que algunas mentes especialmente calenturientas, observadoras o con buena memoria encuentren parecidos razonables con la realidad. Si al leer estas líneas ustedes empieza a poner nombres y apellidos donde no los hay… conviene recordar que ese ejercicio lo hace exclusivamente su conciencia. No la mía.
Yo solo hablo de una familia cualquiera. De un pueblo cualquiera. De una asociación cualquiera. Si alguien decide que este cuento se parece sospechosamente a la vida real… igual el problema no es el cuento.
O igual sí. Vaya usted a saber.
Dicen que una foto vale más que mil palabras. Depende. Hay fotos que hablan… y otras que directamente confiesan.
Familias hay de todos los colores: de sangre, políticas, profesionales, de conveniencia, de las que se juntan por cariño y de las que se soportan porque no queda otra. Unas discuten por la herencia, otras por quién se queda con el mando a distancia y algunas, las más curiosas, por quién sale en el centro de la foto.
Porque eso sí. En todas las familias, absolutamente en todas, existe la versión oficial y la de verdad. La oficial es la que se sube a Facebook: todos sonríen, abrazos, felicidad, el perro mirando a cámara y el sol entrando por el lado bueno. La de verdad empieza cinco minutos después, cuando se apaga el móvil y alguien suelta un «ya está bien de hacer el paripé».
Y viendo algunas fotos de familia por ahí, uno no puede evitar acordarse de ASBA. O mejor dicho, de la versión que algunos ya traducen con bastante retranca: Asociación de Soluciones Bastante Aplazadas. Cualquier parecido con la realidad, por supuesto, volverá a ser culpa de la imaginación del lector… o de que el lector lleva demasiado tiempo mirando.
La estampa es curiosa. Caras largas intentando parecer alegres. Sonrisas de alquiler. Gente que se coloca para la foto porque irse en ese momento queda feo. Otros mirando de reojo, calculando si todavía compensa seguir arrimados al calor del sistema, porque fuera hace frío… y cuando uno lleva tiempo viviendo al calorcito cuesta acostumbrarse a la intemperie.
Aquí en la imaginación nos conocemos todos. Bueno… conocemos las caras. Y las fotos. Porque hay fotografías que parecen una reunión familiar y otras que parecen la última cena de un grupo de WhatsApp antes de que alguien lo abandone.
Dicen que la unión hace la fuerza. Hombre… depende de para que se unan. Si es solo para llenar el encuadre, igual lo único que consiguen es que la foto parezca más grande.
Hay grupos donde cuesta distinguir si se reúnen para trabajar o para demostrar que todavía existen. Y eso tiene mérito, porque mantener una sonrisa mientras uno mira de reojo al de al lado requiere más ensayo que una parranda para la fiesta del pueblo
Cuando una organización acaba girando siempre alrededor del mismo foco, suele pasar una cosa curiosa: las ideas nuevas empiezan a salir por la puerta antes que las personas. Después se van las personas. Luego llegan las excusas. Y al final solo queda la foto.
Una foto donde cada vez aparecen menos.
Mientras tanto, la vida del pueblo sigue.
Lo malo es cuando hay quien desde su frustración parece disfrutar más poniendo palos en las ruedas que empujando el carro. Al final el carro no avanza… pero los palos tampoco. Lo único que se consigue es embarrar el camino para todos. Y eso termina cansando, porque una cosa es discrepar y otra vivir permanentemente instalado en el «no, porque no».
Lo más irónico de todo es que muchas veces ese afán por controlarlo absolutamente todo acaba consiguiendo justo lo contrario. Cuanto más aprietas, más gente se aparta. Cuanto más quieres aparentar unidad, más se nota el esfuerzo. Y cuanto más obligas a sonreír para la foto… más evidente resulta que esa sonrisa venía de casa pegada con pegamento.
Por aquí solemos decir que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y el tiempo tiene una mala costumbre: no entiende de notas de prensa ni de posados. Al final acaba colándose hasta en las fotografías mejor preparadas.
Y ahí está la paradoja. Se reúnen para demostrar fortaleza… y muchas veces terminan retratando justo lo contrario. Quieren transmitir unidad… y el encuadre deja ver otra cosa. Quieren enseñar músculo… pero el espejo, ese condenado, siempre tiene la manía de reflejar lo que hay y no lo que uno quisiera.
Al final va a resultar que ASBA es Asociación de Sonrisas Bien Acomodadas.
O de Soluciones Bastante Aplazadas.
Según el día… y según quién salga en la foto.
P.D. Si después de leer este artículo ustedes han identificado a alguien, tranquilícense. Yo estaba escribiendo un cuento de ficción. Si los personajes le resultan familiares… eso ya es cosa de ustedes. Yo ahí no me meto.
MIGUEL MONZÓN
