EL VIGENTE NACIONALISMO

El camaleonismo y el oportunismo no podrán articular una iniciativa de calado

VICENTE LLORCA LLINARES

Hace unos días Paulino Rivero, que fuera, además de presidente del Gobierno de Canarias, máximo dirigente durante años de Coalición Canaria (CC) y referente del neonacionalismo insular, analizaba en este periódico los resultados de las elecciones autonómicas vascas y gallegas, en las que se registraron significativos ascensos de las fuerzas nacionalistas, y se preguntaba qué piensan estas organizaciones en Canarias, a la vista de que los territorios históricos, periféricos y singulares avanzan hacia otro modelo de Estado.

La pregunta, incontestablemente, no es banal, muy al contrario tiene un profundo calado, en tanto en cuanto una de las señas de ser del llamado nacionalismo canario ha sido su indefinición. «el negocio de la indefinición», como lo llamara el ilustre Manuel Padorno. A decir verdad, tal inversión ha venido dando buenos réditos en la medida en que la caprichosa aritmética parlamentaria ha permitido obtener sustanciales ganancias, en función de las coyunturas.

Pero, pasa que difícilmente se pueden sustentar proyectos de futuro que aspiren a tener protagonismo en el nuevo modelo de Estado que terminará definiéndose si no se sostienen sobre propuestas articuladas y discursos con fundamentos identitarios. Y la experiencia dice que aquí ha predominado el mercachifleo, la indefinición, la deslealtad y la lucha mezquina por los liderazgos, lo que, a medida que ha ido pasando el tiempo, ha restado credibilidad a tales apuestas.

Nacionalismo de pito y pandereta

Los comicios vascos y gallegos han vuelto a poner en evidencia que el nacionalismo mantiene su vigencia, que demonizarlo, algo recurrente para algunos, es además de un error político, también, como dijera el profesor Enrique Gil Calvo, un error intelectual y que vertebrar esta sociedad plural solo es posible por la vía de la inclusión y nunca por la de la exclusión.

Demuestran además que los territorios los ganan quienes los trabajan y eso pasa por tener no solo cuadros sino también militantes capaces, formados, combativos, con un proyecto claro que defiendan sin bandazos ni frivolidades.

Tiempo tienen, han tenido, las fuerzas nacionalistas canarias de hacérselo ver, aunque vistos los comportamientos políticos, el camaleonismo y el oportunismo no parecen corregirse, por lo que difícilmente se podrá generar una iniciativa con calado en la que no solo el mercadeo, siempre al albur de las coyunturas, sea la razón de ser sino que incluso, sin pudor, se apueste por estimular los valores artísticos, intelectuales y culturales que abran nuevas perspectivas.

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