UN FINAL DESHONROSO

Define el diccionario la hipocresía como el «fingimiento de cualidades y sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen y experimentan». Y solo cabe aplicar esa palabra al comunicado con el que el que llamamos «Rey emérito» se despidió el pasado lunes de España y de los españoles.

Un comunicado en el que Juan Carlos I habla del «afán de servicio» de siempre y dice tomar su decisión de abandonar el país «con profundo sentimiento, pero con gran serenidad, tras haber sido rey de España durante casi cuarenta años», durante los cuales, asegura, siempre quiso «lo mejor para España y para la Corona».
Es un final deshonroso de un monarca que debe su corona a la reinstauración de la deshonrada monarquía borbónica por un dictador que tuvo la endiablada habilidad de no meter al país en la Segunda Guerra Mundial y que logró de esa manera no seguir el mismo destino que sus coetáneos Hitler y Mussolini.

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