OPINIÓN

LA ECONOMÍA TIENE FIEBRE

Dicen los viejos sabios que la fiebre es el único idioma claro que habla la salud. Cuando aparece en el cuerpo, no hay vuelta de hoja, algo anda fallando, una infección se ha instalado en el organismo y la temperatura se dispara para advertirnos de que nos estamos alejando de la normalidad. Es una señal de alarma que exige detenerse, comprobar qué está ocurriendo y poner remedio al malestar antes de que pase a mayores. Porque el dolor avisa, pero la fiebre ordena actuar.

Y ahora miremos cómo está el patio. ¿Acaso no hacemos exactamente lo mismo con las cifras que nos sacan todos los años en los periódicos y  telediarios? Hablo de esas cuentas que son la fiebre pura de las grandes empresas, los bancos, los súper y el turismo de postal. Sube la temperatura de los beneficios, se gana más que nunca, se rompen récords de facturación… y nos quieren hacer creer que eso es salud. Hay que joderse.

Hay una pregunta que llevo tiempo rumiando y que tiene su guasa: ¿cómo es posible que todos estos listos anuncien año tras año que baten marcas y que los accionistas están más gordos que un cochino jarto millo, mientras el vecino de al lado tiene que hacer virguerías para llegar a fin de mes?
Miremos los supermercados, sin ir más lejos. Vas a comprar cuatro cosas para el potaje y sales con la sensación de que te han metido la mano en el bolsillo hasta el codo. Los precios apretando el cuello y las grandes superficies sacando pecho con sus ganancias. Ahí tienes a Mercadona, cerrando el año pasado con 1.729 millones de euros de beneficio neto. ¡Ños, un 24,9 % más, ni más ni menos!, y facturando casi 41.900 millones. Te dirán que si han creado empleos y que si tal y cual, pero, joder, el consumidor sigue pagando las consecuencias de llenar la cesta a precio de oro.

Y encima ahora nos ponen las cajas de autocobro. ¡Vaya invento pa’l bobo, mierda! Antes te cobraba una cajera con su sonrisa, que tenía un sueldo y cotizaba a la Seguridad Social, y ahora vas tú, pasas las cosas, te peleas con el código de barras, embolsas y casi tienes que dar las gracias por hacerle el trabajo gratis al jefe. Es que tiene narices, por no decir otra cosa…

¿Y qué me dicen de la banca? Eso ya es pa’ tirar voladores. Los seis grandes bancos españoles ganaron nada menos que 34.000 millones de euros. ¡Treinta y cuatro mil millones de las antiguas pesetas multiplicados por no sé cuánto! Mientras tanto, a la gente de a pie le clavan comisiones hasta por respirar dentro de la oficina. Que si mantenimiento, que si transferencia, que si la tarjeta que no pediste. El Santander, solo en comisiones, se saca 13.661 millones.

Las oficinas las cierran o quitan al personal, las gestiones las tienes que hacer tú tragándote una maquinita o una aplicación que falla más que una escopeta en la fiesta, y los beneficios subiendo como la espuma. Buen negocio, oiga. Te atienden menos, pero te cobran más.

Y nosotros, en Canarias, ya ni te cuento. Tenemos a los políticos compitiendo por ver quién suelta la burrada más grande presumiendo de cifras turísticas. ¡Que si 18,4 millones de visitantes! ¡Que si 23.185 millones de gasto turístico! ¡Qué éxito más grande, hombre! Pero vamos a ver, señores, ¿a costa de qué?
Porque no basta con contar guiris como si fueran cabras y ovejas y sumar millones en los despachos de Las Palmas o Santa Cruz. ¿Dónde están los mismos aspavientos y los mismos millones cuando se trata de cuidar nuestra tierra? El agua bajo mínimos, la vivienda por las nubes, los barrancos llenos de porquería y los espacios naturales sufriendo una presión que no hay quien la aguante. Convertimos las islas en una máquina de facturar y de triturar territorio, mientras los de aquí nos quedamos arrinconados en nuestro propio hogar. Confunden el bolsillo lleno de cuatro espabilados con el bienestar de todo un pueblo.

Al final, esto es como ir al médico con cuarenta de fiebre, tiritando y soltando la tiritera, y que, en vez de mandarte a la cama con un buen caldo y paracetamol, el médico se ponga a aplaudir porque el termómetro ha reventado. ¡Pues vaya manera de entender la salud!

Una economía no está sana porque las grandes corporaciones engorden como cochinos. Está sana cuando la gente de la calle vive con dignidad, cuando el trabajo da para comer caliente, cuando los servicios públicos no se caen a cachos y cuando el territorio que nos dejaron nuestros abuelos no se lo venden al mejor postor para lucimiento de unos pocos.

Y mientras tanto, la batea de los poderosos sigue a lo suyo, los de arriba bien acomodados, recogiendo la tajada, y los de abajo remando contra corriente, pagando facturas y aguantando lo que venga. Nos están acostumbrando a tragar con esto como si fuera lo más normal del mundo.

Pues va a ser que no. Y cuando vuelvan a presumir de beneficios récord, alguien tendrá que plantarse y soltarles la pregunta del millón,

TODA ESA PASTA QUE GANAN, ¿A COSTA DE QUIÉN COÑO LA ESTÁN SACANDO? 

MIGUEL MONZÓN

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