LA TRAGEDIA DE TOLEDO: EL RETRATO EXACTO DE LO QUE ES VOX

Una tragedia desvela quién es quién.
Y en Toledo, con los vagones aún retorcidos y las familias rotas, España ha visto exactamente quién es Santiago Abascal.
Un miserable. Sin matices.
Mientras el país contaba muertos y heridos en las vías de Toledo, Vox decidió que su mitin era más importante que el duelo.

No suspendió su agenda.
No guardó un minuto de silencio.
No tuvo la decencia de parar la maquinaria de propaganda.
Al contrario: salió a la tribuna a convertir cadáveres en munición.
Acusar al PSOE de «causar muertos» con los cuerpos aún calientes no es hacer política.
Es carroñería.
Es usar el dolor ajeno como arma arrojadiza porque no tienen ni empatía ni vergüenza.
Es la falta de humanidad convertida en estrategia.
Abascal no es un líder.
Es un oportunista que ha entendido que en el mercado del odio siempre hay compradores, y que una tragedia es una oferta que no se puede dejar pasar.
Da igual el luto nacional, da igual el respeto mínimo a las víctimas.
Si hay sangre, hay titular.
Si hay muertos, hay culpable al que señalar con el dedo mientras él se envuelve en la bandera.
Esto no es derecha ni izquierda.
Esto es decencia básica.
Y Vox suspendió esa asignatura hace tiempo. Cuando un partido elige el mitin antes que el luto, cuando prefiere el ataque antes que la condolencia, ya no representa a los españoles: se representa a sí mismo.
A su ambición, a su cálculo, a su miseria moral.
La tragedia de Toledo no solo deja víctimas en las vías.
Deja retratado a Abascal.
Y la foto es clara: un político que ve en cada ataúd una oportunidad y en cada lágrima, un voto.
Hay cosas que no se perdonan.
Y hay personajes que, cuando cae la careta, muestran exactamente lo que son.
Unos miserables.
FIDELA VELÁZQUEZ
