HABÍA UNA VEZ…

Hubo una vez que fui socialista ideológica sin carné.
Socialista de izquierdas.
Socialista roja que creía en los derechos y libertades en concepto de igualdad civil, jurídica y laboral. Igualdad. No espectáculo.
Y, aunque parezca que siempre hemos tenido derechos las féminas españolas, votamos por primera vez en 1933 con la II República, y perdimos ese derecho como ciudadanos hasta las primeras elecciones democráticas de 1977. Ganar esa democracia dejó muchas rosas aplastadas en el camino hacia la Libertad.

En esa época yo era niña y nos educaban para defendernos como mujeres de una sociedad sin escrúpulos que nuestras madres sufrieron. Y no lo hacían nuestras madres en soledad. Lo hacían mujeres unidas, mujeres aliadas, mujeres rebeldes enganchadas en una comunidad. Una especie de rebelión silenciosa. Las mujeres educaban y preparaban a otras mujeres. Y sí, es posible que se pasaran de frenada y en pleno siglo XXI podamos estar excesivamente empoderadas. Pero seguimos aquí llevando un gran peso ‘pesado’ de la sociedad.
Si bien la dictadura franquista reprimió a todo un país, la mujer sufrió mucho más los estragos de una moralidad enferma. A modo de ejemplo cito el «permiso marital»: Una ley franquista que obligó a las mujeres casadas a necesitar el permiso de sus maridos para trabajar, abrir una cuenta bancaria o adquirir bienes. Las mujeres necesitaron pedir permiso a sus maridos, permiso firmado, para comprar un coche hasta que la Ley 14/1975 eliminó esta cretina disparidad jurídica entre unos mismos ciudadanos diferenciados por su género.
La mujer soltera aún peor. La desgracia la dejaba a los pies del padre, hermanos o primos. Y si no tenía a nadie, «alguno que pasara por allí».
Yo, mujer por nacimiento, crecí en medio de esa revolución silenciosa. Yo sentí a la izquierda como ese Oasis que me daría el valor que yo sabía que tenía y que la sociedad se empeñaba en negarme.
Por todo lo que el socialismo significó en mi vida. Por todos los derechos que me reconoció, por los debates como adolescente ‘izquierdosa’ que tuve con profesores, padres, amigos y vecinos. Por mi rebelión interna. Por la validación empática como ser humano. Por un sentimiento….hoy siento vergüenza.
En el nombre de todas las que lucharon y de las Trece Rosas, nunca perdonaré a los que han arrastrado por el fango esa honorable lucha socialista y social.
La historia se recuerda por el eslabón más ruin del Ser Humano.
REYES BOLAÑOS
