ENTRE LA TRANSPARENCIA DEL CAMBIO Y LA PATALETA DEL AYER

El pasado pleno ordinario del jueves 26 en Valsequillo no fue solo una sesión administrativa más; fue el fiel reflejo de una transición que algunos se niegan a aceptar. Lo que presenciamos fue el choque entre una nueva forma de gestionar, basada en la transparencia y la seguridad ciudadana, y una oposición anclada en la soberbia, representada por un Francisco Atta (Asba) que parece no haber digerido aún que el ayuntamiento no es su finca particular.
El punto clave de la discordia fue la modificación de crédito para suprimir una partida de más de 56.000 euros originalmente destinada a cargos de confianza. El actual grupo de gobierno, liderado por Juan Carlos Hernández Atta, ha decidido —con criterio y coherencia— que ese dinero rinda más en la calle que en los despachos.
Es paradójico, por no decir cínico, que la oposición tache de «propaganda» una inversión destinada a comunicación institucional y seguridad, cuando durante 14 años mantuvieron estructuras de pago de prebendas políticas. Como bien señaló la concejala Inma García, informar con rigor a los vecinos es una demanda social, no un capricho partidista.
Resulta especialmente revelador el destino de esos fondos en seguridad y comunicación tras 14 años de abandono:
-Seguridad Ciudadana: 14.600 euros para la instalación de cámaras de control de masas. Una respuesta directa a las quejas vecinales sobre la falta de efectivos, una carencia heredada de la gestión de Asba, que dejó al cuerpo de la Policía Local bajo mínimos (de 10 agentes en 2011 a solo 6 en la actualidad).
-Transparencia e Información: 41.000 euros para que la comunicación municipal deje de ser un agujero negro. En solo cuatro meses, el canal institucional ha pasado de 502 a más de 1.100 seguidores. Los datos no mienten: los vecinos quieren saber qué pasa en su municipio, y ahora, por fin, la información fluye.
La actitud del portavoz de Asba durante el pleno, marcada por interrupciones constantes y un tono beligerante, solo puede calificarse de esperpéntica y usar la “pataleta como estrategia política”. Intentar manejar el pleno sin tener el uso de la palabra no es «hacer oposición», es faltar al respeto a la institución y a los ciudadanos que esperan soluciones, no ruido.
La pregunta que el alcalde lanzó al aire quedó resonando en la sala: ¿Se cree Francisco Atta que sigue gobernando? Esa insistencia en imponer su criterio, ignorando los turnos de réplica, es el vestigio de una época de oscurantismo donde las adjudicaciones se daban «a dedo» y la crítica se silenciaba.
En conclusión, que el miedo y el caos que Asba intentó vender tras la moción de censura se han disuelto ante la realidad de una gestión ordenada. Lo que queda es la rabia de quien se creía dueño del poder por derecho divino.
Votar en contra de mejorar la seguridad y la promoción de nuestras fiestas (Fresa, Papa, San Miguel) por el simple hecho de proteger partidas para cargos de confianza define perfectamente las prioridades de Asba. Valsequillo ha decidido avanzar hacia la luz de la transparencia; es hora de que la oposición aprenda que, en democracia, el respeto se trae puesto desde casa y el sillón de la alcaldía no es una herencia, sino un servicio temporal al pueblo.
JUAN ANTONIO OJEDA MUÑOZ
