LOS NEGACIONISTAS

LUISA DEL ROSARIOSabemos que la clase política miente, que retuerce lo que llaman argumentos para que encajen con lo que necesita en cada momento el líder de turno. También sabemos que engañan, que exageran y que sus discursos no pasan las pruebas de la lógica. Les hemos escuchado politiquear (que no hacer política) con crudos casos de violencia, a echarse los muertos de ETA a la cara, culparse de la ruptura de España. Nos han hecho casi inmunes a la indecencia que muestran cuando hablan del paro, de la dependencia, de la pobreza o de los migrantes. Hemos visto de casi todo por la búsqueda del poder.

Ahora nos toca a las mujeres. Aunque es un alivio que se olviden de Cataluña y de la “sagrada unidad nacional” por un rato, resulta doloroso constatar cómo PP y Ciudadanos son capaces de restar derechos a la mitad de la población, de ceder en las conquistas sociales, con tal de lograr el poder en Andalucía.

 

El problema no es el número de personas que han votado a la ultraderecha, sino que con ello blanquean las mentiras que propugna su líder. O tal vez se las creen, y piensan que hay miles de hombres suicidándose por las 96 denuncias falsas de malos tratos que se han demostrado en los últimos 12 años, un 0,0078% del total.

Negar el machismo es como negar el Holocausto, con la agravante de que no tienen que viajar a Alemania para comprobarlo porque les basta con mirarse. Negar el patriarcado es como negar que la tierra es redonda o que el ser humano ha pisado la Luna. Pero sabemos, que entre las mentiras que más gustan al fascismo están las teorías conspiranoicas, como aquella judeo-masónica-comunista que casi habíamos olvidado.

Aunque España es un país “seguro”, asesinan a gente, hombres y mujeres, maltratan a ancianos y ancianas, a niños y niñas. Pero no es violencia “estructural” ni sistémica, como sí lo es la violencia contra las mujeres por ser mujeres. Basta analizar los datos de casi cualquier asunto disgregándolos por sexo y aparece la pobreza, brecha salarial, la desigualdad en el acceso a los recursos, la ausencia de mujeres en los puestos de mando o la invisibilidad de sus aportaciones a la sociedad…

Negarlo es puro cinismo. Y que lo nieguen unos tipos blancos, heterosexuales, de clase media-alta y cristianos no es más que la constatación de que lo que les revienta es que ya no se respete y rinda tributo al macho alfa y que ni siquiera la mayoría de los hombres se reconozcan como tal.

LUISA DEL ROSARIO

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