EL ORIGEN DIVINO DE LA MONARQUÍA

NICOLÁS GUERRA AGUIAR

Tengo interés por el periodismo que ejerce su constitucional derecho a la libertad de expresión sin recurrir a tergiversaciones, enfoques violentos o convulsiones histéricas. Lo encuentro, por suerte: desde la del alba me lleva a la lectura de artículos firmados por quienes opinan, comunican ideas y lo hacen, además, ajenos a irracionales dogmatismos o imperativos ideológicos de tan recia tradición española, dicho sea sin ánimo de señalar a diestra y siniestra.

Con ellos me instruyo, pues refuerzan visiones personales o me inician con inteligentes enfoques… aunque alguna vez retorno al aula donde aprendí silogismos y que la literatura también fue arma propagandística al servicio de reyes y feudales.

Tal es el caso del pasado 6. Atrajo mi atención el titular leído en elplural.com, uno de los tantos digitales que alimentan mi curiosidad. Decía así: “Sostres defiende a Juan Carlos I: «La monarquía es un don, una encarnación divina». A continuación, el subtítulo: «Es estúpido juzgar a los monarcas con criterios terrenales, no sirve de nada».

Elplural.com se limitó a reproducir dos fragmentos correspondientes a la intervención del periodista Salvador Sostres durante su participación en la COPE, quizás el mismo día. En febrero, además, había defendido -también durante el programa “Herrera en COPE”- al tenor español Plácido Domingo, sospechoso de acoso sexual a varias mujeres. Dijo: “Es un señor que se ha disculpado porque considera que igual no estuvo acertado en algunas cosas […] y que una vez que ha pedido disculpas no hay nada más que decir. No me gustan los linchamientos”.

Vaya por delante, estimado lector, mi respeto a ideas ajenas por más que en los dos casos anteriores discrepe de ambas. Acepto como discutible la primera -discutir es ‘contender y alegar razones contra el parecer de alguien’-: se centra en el origen divino de la monarquía («Los reyes, como lo papas, no tienen que ver con los hombres sino con Dios”). Pero rechazo de plano la segunda porque los hipotéticos acosos sexuales del señor Domingo dejan de ser supuestas actuaciones disculpables para convertirse en potenciales delitos -no faltas- que atentarían contra la dignidad de las personas, varias. (No obstante, la presunción de inocencia precede en todo Estado de derecho: no se ha celebrado juicio.)

Si la monarquía de Felipe VI es obra directa de Dios, también fue opus Dei la de su padre Juan Carlos I

Pero si determinados puntos de vista (la “divinidad” de la monarquía o la posibilidad de que el coronavirus sea castigo de Dios y no producto de la barbarie humana, por ejemplo) se exponen en algún medio de comunicación y no fueron negados o matizados por el joven periodista -dejé pasar un tiempo prudencial-, defiendo el derecho de su autor a la exposición de tales opiniones, faltaría más. Y le honra, personalmente, que manifieste sus ideas con luz y taquígrafos e, incluso, sin complejos circunloquios o profusión de barrocas metáforas. (Otra cosa bien distinta, claro, es la confluencia … o no.)

El señor Sostres es articulista del periódico ABC y, a la vez, colaborador de COPE (cadena asociada al grupo multimedia Vocento, editor del diario), emisora ‘inicialmente creada con el objetivo de ofrecer servicios religiosos’… pero evolucionada al tipo tradicional desde los años ochenta. (El acrónimo COPE -Cadena de Ondas Populares Españolas- englobaba en los primeros años setenta a Radio Popular de Tenerife, La Laguna. En ella inicié mis primeras andaduras ante los micrófonos. Se trató de un programa semanal, Palestra Universitaria, aceptado por la postconciliar dirección… pero suspendido tres meses después por “remodelación programática” o, en román paladino, sugerencia gubernativa.)

El planteamiento inicial del señor Sostres en su intervención del día 6 («La monarquía es un don, encarnación divina») me retrotrajo a las aulas del Colegio Cardenal Cisneros, ubicado en mi pueblo galdense. En sexto de Bachiller don José Antonio García Álamo, humanista y profesor de gran altura intelectual, nos condujo al mundo del silogismo (razonamiento con dos afirmaciones iniciales: ambas conducen a una conclusión).

Así, hoy se me ocurrió el siguiente: la monarquía es de origen divino. Felipe VI es monarca y actúa como jefe de Estado según recoge la Constitución de 1978 (II. 56.). Por tanto, Felipe VI fue elegido por Dios y, como tal obra especial, solo será responsable ante Dios. La Justicia humana nada tiene que ver con él. (Falso silogismo, claro, pues se parte de algo no cierto.)

Sugerida desde la primera afirmación sigo elucubrando sobre la “encarnación divina” y sobrepaso, más, el límite impuesto por la razón. Así, puedo plantear lo siguiente: si la monarquía de Felipe VI es obra directa de Dios, también fue opus Dei la de su padre Juan Carlos I. ¿Y qué caminos usó Dios para que aquel llegara a ser rey?

¿Delegó acaso en el general Franco la selección del señor Borbón y Borbón con el fin de que lo sustituyera a su muerte como rey de España? ¿De ahí que el dictador, como intermediario entre lo divino y lo humano, fuera purificado en vida por la Iglesia católica para salvaguardar la voluntad divina pues se convirtió en el único mortal español llevado hasta los altares bajo palio?

Entonces, ¿los crímenes contra la población española solo fueron eso que los norteamericanos llamaron “daños colaterales” durante la guerra de Vietnam, eufemismo que traducía miles de civiles asesinados con napalm tras los bombardeos sobre sus aldeas? ¿Y con el general se cumplió la añoranza del poeta que exaltó al Cid Campeador en torno al 1200: De las sus bocas — todos dizían una razóne: / «Dios, qué buen vasallo, — si oviesse bien señore!»?

Porque durante la Edad Media (y desde ese periodo han pasado varias lunas) la Iglesia defendió el origen divino del rey: cualquier protesta o rebelión contra su autoridad era un directo atentado a la voluntad de Dios. Por tanto -también recoge el Poema del Çid-, quien desobedezca la orden real de no ayudar al Campeador sabe que perderié los haberes et los oios de la cara, / e aun demás los cuerpos y las almas.

(Y los cuerpos, ya se sabe, son del hombre. Pero las almas y la monarquía española pertenecen a Dios.)

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

(Teldeactualidad)

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