EL DIABLO VISTE DE ROJO

La novela ‘El disputado voto del señor Cayo’, sitúa la historia en un solitario paraje en un punto de la España olvidada cuando en aquellas primeras elecciones de 1977, tres miembros de un partido politico rojo de izquierdas, querían el voto de un agro-ganadero, el señor Cayo.
El paraje en ruinas estaba habitado por dos vecinos, los cuales ni se hablaban….
Las maneras del viejo campesino –el señor Cayo–, su reposado hablar, su ancestral sabiduría pegada a la tierra y a la vida, contrastaban con el lenguaje ambicioso, ambiguo y cercano a lo falso del político.
Así, la novela del magistral Miguel Delibes, pone de relieve dos mundos: el que vive el vecino bajo sus pies, con problemas cotidianos que nadie vendrá a solucionar, frente al mundo ostentoso y espúreo del nuevo político. Nueva labia.
En este punto podemos situar la novela en cualquier pueblo. Se me antoja en Valsequillo de Gran Canaria, donde un jarro de agua fría, nada agradable a pesar del calor, cayó al amanecer sobre todo vecino creyente. El Diablo viste de Rojo.
Y ahogó un nuevo mundo antes de nacer recalculando el ‘gps’ político como haría un vinilo dando vueltas y vueltas, mientras suena.
«Espera…
Aún la nave del olvido no ha partido
No condenemos al naufragio lo vivido
Por nuestro amor, por nuestro ayer, yo te lo pido
Espera…
Aún me quedan manos de primaveras
Para colmarte de caricias todas nuevas
Que morirían en mis manos si te fueras
Espera un poco, un poquito más
Para llevarte mi felicidad
Espera un poco, un poquito más
Me moriría si te vas»
La historia es una siempre actual constatación.
Una sátira de la antítesis entre estas dos concepciones: la que afecta a las cholas del mundano vecino, a su vida cotidiana, a los problemas del diario, frente al proyecto del político supra mundano, sus ínfulas de grandeza, su falta de capacidad para sobrevivir sin doblegarse.
En el mundo simbólico, lo ideal se plasma sobre lo real. En el mundo real, no existen simbologías:
Existe esperanza y fe. Existen intereses individuales, y novelas repetidas.
En Valsequillo amanece todos los días. Pero no todos los días, amanece.
Y suena a lo lejos,
Espera …
REYES BOLAÑOS
