DE AYER A HOY

Después de mucho tiempo, sin escribir en este periódico digital, El Naciente, he decidido volver a publicar un nuevo artículo y espero que sean más.

No recuerdo exactamente cuál fue el último que publiqué. Solía escribir sobre deportes, política y algunos temas más. Para regresar de nuevo a escribir en este periódico, voy a hacerlo con vivencias y recuerdos de mi niñez y adolescencia, en este nuestro hermoso pueblo de Valsequillo de Gran Canaria.

De pequeña, recuerdo caminar y correr por las calles y rincones de nuestro pueblo. En invierno, cuando hacía mucho frío, no se podía estar afuera porque no sentíamos ni las manos, ni los pies. Era y es muy frío en esa época del año .Pero igualmente nos veíamos, ya que los días no eran siempre malos a nivel meteorológico  y nos abrigábamos bastante. La cuestión era estar juntos/as y pasarlo bien. Éramos una pandilla de niños y niñas, que fuimos creciendo y nos convertimos en adolescentes.

No existían móviles, tablets ,ordenadores, pendrive,etc…pero vivíamos muy felices y, lo más importante, teníamos conexión cara a cara, mirándonos a los ojos y hablar.

Cuando llegaba el verano todo era muy diferente, ya que se podía estar más en la calle y no hacía el frío del invierno, aparte de no tener que ir clase y estudiar.

Por las mañanas estábamos en casa, ayudando a nuestras madres y padres con sus quehaceres. Ya por la tarde, sobre las 6 o 7 nos dejábamos ver y nos reuníamos para pasar unas horas de diversión y estar juntos/as. Nuestro punto de encuentro era el muro del médico como lo conocíamos. Exactamente, donde hoy en día está el Juzgado de Paz y la Policía Local.

Cuantos recuerdos tan bonitos tengo en mi mente y que no se olvidan. Algunas personas de esa pandilla ya no están con nosotros, ya que por desgracia partieron muy pronto. No voy a nombrar a todos/as los/as amigos/as que componían ese hermoso grupo, ya que   podría dejar a alguien atrás, y no quiero eso. Ellos y ellas, cuando lean esto, si lo llegan a leer, sabrán quienes son.

Las noches eran muy calurosas y estábamos en la calle hasta muy tarde. Dábamos paseos por el pueblo, recorriendo sus calles, admirando la belleza del mismo. Así pasaron los años, de los cuales tendría mucho que contar, pero lo haré en algún momento.

Todo esto lo cuento, porque es muy triste que a día de hoy se haya perdido este tipo de contactos, relación y encuentro con los demás. Por supuesto que las cosas cambian y hay que avanzar, pero es que algunas se pasan del límite. Es fuerte ver un grupo de gente, sobre todo joven, que no hablan, ni se miran, sino pendientes del móvil, que es lo más utilizado. En fin, qué pena, porque así se pierden las relaciones sociales y hasta familiares. Qué bueno es vernos, hablar y compartir anécdotas y momentos del pasado y de hoy, por supuesto. Todo tiene su momento en la vida.

PINO MARÍA PEÑA TORRES

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