RESPIRA LA TIERRA Y SEDUCE

Feli Santana
Feli Santana cargado de anécdotas y costumbrismo

Es el verde paisaje el que eleva mi espíritu a una nueva dimensión de los sueños, un idilio de amor platónico con los inviernos de mis sonrisas. Por fin otra estación. Una nueva, aunque con la plenitud de un cambio de ciclo.

Será verdad, volverá a llover con la parsimonia incesante de una cascada de borrascas permanentes. De momento, algo se ha sacudido en el cielo, en los mares, en los tiempos, el viento ha soplado fuerte y ha chocado con la sequedad de la tierra, ha retado a los cielos y pedido sus bendiciones, ahora llueve y el agua es limpia y serena, todo es armonía alpina y en el silencio de los campos, un sentimiento agradecido. 

En los amaneceres las nubes mecen los prados para que su gestación sea esplendorosa y levantan el vuelo a la salida de sol, el astro que hará el segundo milagro, sacar la hierba y generar la vida.

Nuestro paisaje verde

Es un ritual vivir los días, la danza de los pájaros que van, vienen y vuelven a ir con sus visitas y comentarios, convocan a las bandas de enjambres de abejas, a preparar su recolección. Será un año florido. Avisan de la explosión de flores de retamas. Se van a multiplicar por miles las recolectas de néctares, y los almendreros prometen cosecha multicolor.

 Están los pájaros que trinan exultantes de felicidad y pasiones. Se rifan los amoríos tanta tertulia bajo las verdes ramas, tantos olores de flores olvidadas, tantas escorrentías de líquidos de vida y entre varas y cañas todos enseñan sonrisas y juegan con la plenitud de la armonía de los despertares 

Las ovejas estrenan nuevos trajes de lana; las abejas pijamas de rayas; los pájaros chubasqueros de plumas y los aguiluchos gabardinas de oscuras. Todos están de estreno mientras los agricultores más viejos miran a la montaña con nostalgia y recuerdan las trashumancias y deducen “ya no hay vacas que se coman las hierbas mansas”, ni gente que labre las papas, aunque el tiempo climático cambie para dulcificar nuestras miradas, los tiempos rurales de aquellas vidas se fueron para siempre, detrás del olor a estiércol y yerba mojada.

Hemos cambiado el sacho del sudor a sabiduría agreste por el móvil que viaja por el mundo con solo tocar teclas y mirar la pantalla, mientras la lluvia nos regala otro invierno y seduce nuestra mirada.

Feli Santana – Org. Viejas Glorias Canarias

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