BAR LOS ALMENDROS

En el pueblo de Valsequillo hubieron siempre puntos de referencia en los que la vida social se desarrollaba, tiendas de aceite y vinagre y bares principalmente, donde el tiempo de ocio de los vecinos daba para anécdotas, movimientos sociales o simplemente punto de encuentro de la juventud del momento.
Uno de estos sitios ya desaparecidos fue el Bar Los Almendros que cobijó entre sus paredes y sus diferentes épocas a la pollería y no tan pollería de varias generaciones. En mis primeros recuerdos fue regentado por Paquito y Sixtita que ofrecían una carta bien corta pero exquisita, era una puerta adosada a una ventana y entrando una barra que para un niño de los setenta como yo, quedaba en el cielo.
En ocasiones Paquito me ofrecía desde el otro lado un chupa-chups y yo alzaba la mano y cuando me lo iba a dar lo retiraba y se divertía viendo como yo trataba de cogerlo. También lo tuvo un tiempo Colacho pero de la época de la que más me acuerdo y con cariño además por coincidir ese momento en que empiezas a hacer pandilla-clan es la que tuvo la familia de José Miguel Peña Atta, lo reformó decorándolo con cañizos en el techo y las paredes forradas de madera como troncos rústicos a media altura. Lo gestionó durante muchos años, y para nosotros era el punto de encuentro en cualquier salida, o simplemente para consumir nuestro tiempo de diversión allí entre inquietud social, diversión, guitarreo e incluso ennoviamientos. Había una explanada de tierra delante donde los coches podían aparcar sin problema.
Recuerdo domingos de ruta por la isla y en donde no faltaba una o dos guitarras y timple en el maletero, nos reuníamos allí y decidíamos sobre la marcha el destino de la salida, como norma general de vuelta parábamos a ver a Momo en el bar Calero en San Mateo donde con algún que otro bolero despedíamos el domingo. También era tradición que cuando acabábamos, el para mí, interminable ensayo de Almogaren los viernes, rematáramos en este bar con un picoteo-cena acompañado de más guitarreo por si había sido poco el ensayo. Como a José Miguel le gustaba la música más que a nosotros, pues no había problema…
Otra época lo gestionó Marcos Álvarez y Adelina Sarmiento, que se nos fueron muy pronto, nos trataron muy bien y nos aguantaron lo suyo. A su modo fueron innovadores, se les ocurrió contratar a un chino y empezaron a vender además de pizzas, comida china como novedad en este pueblo además de servir a domicilio.
Marcos tenía un sentido del humor fino y socarrón, era gemelo con su hermano Fede, recuerdo pedirle dos pizzas óperas para llevar y llamar a su hermano a la barra y decirle: -Quiere dos óperas para llevar… y se me encararon los dos y comenzaron a cantarme de modo operístico no sé qué parida que se les ocurrió… En otra ocasión llegó un foráneo a la barra con aire altanero que le pidió que le sirviera una copa de Buen Ron y no contento con la medida que le sirvió lo increpó diciendo: “¿esto es un ron? ¿y usted se considera Barman?” A lo que Marcos sin dejarla caer al suelo le contestó: “Barman es mi hermano Fede, yo soy Spiderman…” Ese era el humor de Marcos…
Infinidad de anécdotas sucedieron en aquel bar haciendo parte de la historia de este pueblo, por sus puertas pasaron incluso Olga Manzano y Manuel Picón cuando actuaron en Valsequillo, o Hulk Hogan uno de los grandes de la lucha libre que fue propietario por corto tiempo de la Finca de la Esperanza, en frente de la Urbanización el Pedregal. Lástima que en aquella época no hubieran móviles para inmortalizar los actos… pero fue mejor así.
Manolo García cantaba en su canción una frase que decía: “retales de mi vida”, y ciertamente son retales de la vida de un pueblo que ayudan a crear la idiosincracia del mismo. El Bar Los Almendros sin duda fue un punto de encuentro de todo tipo de perfiles donde nos sentimos cómodos y acogidos en aquellos años.
Sirva este artículo como homenaje a todos sus regentes y en especial a Marcos y Adelina.
HERMANN HELLBUSCH

Muchas gracias por recordar algo que perteneció a mí vida. Y gracias sobre todo por recordar a mis padres con esas palabras tan bonitas. Un abrazo.