GRACIAS REYES POR EL ARTÍCULO “EL TORO QUE SOLTÓ AL PERRO MALDITO”

Reyes, antes que nada, gracias por este artículo. De verdad.
Porque lo leí y me removió. Y bastante. No solo por Paco, sino porque hay cosas que uno lleva dentro, que sabe que están ahí, y cuando alguien las pone negro sobre blanco dices, ¡coño, ya era hora!
Y mira que aquí somos dados a acordarnos de las cosas cuando ya están hechas, cuando tienen nombre, cartel, escenario y hasta foto oficial. Antes cuando había que dar el paso y jugársela, ya eso era otra cosa.
Tu artículo hace algo que para mí es mucho más importante que contar lo que pasó. Nos obliga a mirar para atrás y preguntarnos por qué algunos nombres se van quedando por el camino mientras otros aparecen después, cuando ya todo está hecho y la criatura hasta camina sola.
Y ESO NO ME PARECE JUSTO.
Porque una cosa es que la Suelta del Perro Maldito sea hoy patrimonio de todos los valsequilleros, y otra muy distinta es hacer como si aquello hubiera aparecido una noche de repente, igual que las berrazas después de cuatro días de lluvia.
No, las cosas no nacen solas.
Alguien tuvo que pensarlo alguien tuvo que decir ¿y si hacemos esto? Alguien tuvo que echarse pa’lante cuando todavía aquello podía parecer una locura de cuatro amigos, y alguien tuvo que poner el pellejo, la cara, el tiempo, la ilusión y seguramente más de un disgusto.
Ahí está Paco el Toro y sus cómplices necesarios, y por eso creo que no basta con recordarlo, hay que reconocerlo, y reconocer a Paco no le quita nada a nadie, absolutamente nada.
No estamos hablando de repartir medallas cuarenta años después, ni de hacer una lista de buenos y malos, ni de volver a abrir guerras viejas. Estamos hablando de algo mucho más simple, poner a cada cual en su sitio y llamar a las cosas por su nombre.
Porque también hay que decirlo, Valsequillo ha tenido, y tiene, mucha gente que ha trabajado por la cultura, por la participación, por las libertades y por hacer pueblo sin despacho, sin protocolo y sin nadie detrás empujando para que salieran en la foto.
Y eso tiene muchísimo mérito.
Aquí tenemos una cierta costumbre de bautizar las cosas cuando ya están hechas, cuando la higuera ya da sombra aparecen unos cuantos que aseguran que ellos estaban allí desde que se plantó, ¡¡qué cosas!!, ¿no?
Y no lo digo solamente por Paco. Lo digo por una manera de entender la memoria de este pueblo.
Me parece estupendo que ahora hablemos del BIC, del patrimonio y de los cuarenta años del Perro Maldito, ¡coño, faltaría más!…
Pero sería todavía mejor que esta fecha sirviera para algo más que para recordar una fiesta, que sirviera para reconocer a las personas que hicieron posible que determinadas cosas pasaran.
Porque un pueblo no se construye solamente con obras, inauguraciones y placas, también se construye con gente que se moja cuando todavía no está claro si la cosa va a salir bien. Y de esos, aunque ahora parezca mentira, también hemos tenido unos cuantos en Valsequillo.
Por eso creo que la memoria no puede depender de quién gobierne, de quién inaugure, o tenga el micrófono ese día o de quién salga en la foto.
La memoria de un pueblo decente no borra a uno para poner a otro, los coloca a todos donde les corresponde.
Y PACO EL TORO TIENE SU SITIO.
No porque lo diga El Perinqué ni porque ahora venga bien recordarlo. No porque hayan pasado cuarenta años. Lo tiene porque hubo un día en que alguien tuvo que atreverse a hacer algo que todavía no era tradición escénica, aunque sí verbal.
Y eso, señoras y señores tiene un valor enorme.
Así que gracias, Reyes, por poner el dedo ahí, donde corresponde.
Porque ya va siendo hora de que entendamos una cosa muy sencilla, reconocer a quienes abrieron camino no nos hace más pequeños.
Al contrario.
Nos hace mejores.
Y quizá hasta un poquito más grandes como pueblo.
Que falta nos hace.
MIGUEL MONZÓN

