LA VARA DE MEDIR A PODEMOS

En los últimos días, hay dos preguntas que periodistas, tertulianos y opinadores profesionales no dejan de lanzar a los portavoces y militantes de Podemos. La primera, aparentemente lógica: “Si ahora critican que no se rompan relaciones con Israel por su actuación contra el pueblo palestino, ¿por qué no lo hicieron ustedes cuando estaban en el gobierno?” La segunda, no menos habitual: “¿No será que si han pasado de 71 diputados a 4, es porque algo han hecho mal?”
Ambas preguntas tienen algo en común: más que buscar una respuesta, buscan señalar culpables. Más que entender lo que ha pasado, buscan reforzar un relato donde Podemos es responsable de todo lo malo, mientras los responsables reales —los de siempre— continúan blindados en su impunidad.
La primera pregunta, que se repite ante cada propuesta política que lanza Podemos, parte de un profundo desconocimiento (real o fingido) del funcionamiento del poder en España. Porque no, Podemos no pudo romper relaciones con Israel desde el Ministerio de Igualdad o desde una Secretaría de Estado. Porque no, no pudo nacionalizar eléctricas ni imponer topes al alquiler sin el acuerdo de su socio mayoritario, el PSOE. Porque, como todo el mundo sabe, Podemos fue una fuerza minoritaria dentro de un gobierno de coalición presidido por un partido que ha preferido tradicionalmente pactar con la banca antes que enfrentarse a ella.
Lo que sí hizo Podemos fue poner sobre la mesa debates impensables unos años antes. Habló del genocidio en Palestina con todas las letras. Plantó cara a los fondos buitre. Forzó leyes como la del “Solo sí es sí” o la de vivienda. Y lo hizo con apenas una decena de ministerios frente a un aparato de Estado y un bloque mediático, judicial y económico dispuesto a boicotear cada una de esas iniciativas. Pretender que Podemos lo podía todo, y que si no lo hizo es porque no quiso, es una manipulación tan absurda como injusta.
La segunda pregunta, sobre la pérdida de apoyo electoral, es aún más venenosa. ¿Qué hicieron mal para pasar de 71 a 4 diputados?, preguntan. Y en esa pregunta no se mencionan las cloacas del Estado, ni las campañas de difamación diarias en televisión, ni los juicios mediáticos sin pruebas, ni los bulos fabricados por comisarías corruptas, ni los silencios cómplices del resto de partidos ante esa persecución sin precedentes en democracia.
A cualquier otra formación política que le hubieran hecho lo que le han hecho a Podemos, ya habría desaparecido sin dejar rastro. El verdadero milagro es que Podemos siga vivo, con militancia, con propuestas, y con una voluntad firme de seguir liderando una alternativa real al bipartidismo. Porque, aunque algunos quieran borrarlo del mapa, Podemos sigue siendo la única organización política estatal que se enfrenta sin ambigüedades al poder económico, mediático y militar que domina este país.
Y eso no lo soportan. Por eso se les exige lo que no se le exige a nadie. Por eso se les culpa de lo que otros pactaron. Por eso se les cuestiona cuando dicen la verdad que incomoda. Porque Podemos no ha nacido para conformarse ni para callar. Ha nacido para transformar. Y eso, en un país tan acostumbrado a los consensos de élites, es un pecado imperdonable.
La pregunta, por tanto, no es qué hizo mal Podemos. La pregunta es por qué ha sido tan necesario destruirlo. Y la respuesta, aunque incómoda, es clara: porque fue capaz de demostrar que las cosas podían ser diferentes. Porque hizo temblar al sistema. Y porque ese sistema, para seguir funcionando como hasta ahora, no puede permitirse voces que lo cuestionen.
Tribuna de Opinión – La Opinión de Almería
