YO NO SOY RACISTA, PERO…

Palabras escupidas con rabia que desprenden un racismo visceral y tristemente instaurado con arraigo en nuestra isla

Ronald Ramírez Alemán

Están corriendo los cabrones estos, no saben ni a donde ir. A pegar el covid, manada de hijos de puta». Estas fueron las perlitas que se le escuchaban a un individuo mientras grababa el desembarco de una patera en San Agustín. Palabras escupidas con rabia que desprenden un racismo visceral y tristemente instaurado con arraigo en nuestra isla. El virus ahora es la nueva excusa, da igual que las autoridades aclaren que los principales focos han surgido de fiestas y reuniones sociales, o que el turismo entre en Canarias sin pruebas ni PCR. El problema lo traen los inmigrantes, y punto.

Y si pides que lo argumenten, los razonamientos van a ser los mismos que los empleados antes de la pandemia. «Nos quitan el trabajo», «reciben más ayudas que nosotros», «solo vienen por las pagas del Estado»… No les importan los datos que demuestran que la inmigración es una pata importante de nuestra economía, y que no solo no nos cuesta dinero, sino que lo genera. «Si tanto te gustan, mételos en tu casa».

Concentración antiracista

Este ideario pertenece a los de «yo no soy racista, pero…». Ese «pero» definitivo de los que después admiran fervientemente a las estrellas extranjeras del Barça o del Madrid y acuden a un africano para que les limpien el coche por 10 euros. Ellos sí que son la lacra de nuestra tierra y no los que llegan en patera buscando un futuro. Personas que merecen las mismas oportunidades que nosotros, y más cuando, tras dejar a la familia atrás, han tenido que jugarse la vida en el mar. A ver si nos enteramos de que por haber nacido unos pocos kilómetros más al norte no tenemos más derechos, y que la excusa de la covid no cuela. Es racismo, no hay peros que valgan.

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