TIMBIRIQUI: CUANDO UN PUEBLO SE SUBE A UN ESCENARIO Y DECIDE NO BAJARSE

Llevo unos días dándole vueltas a una cosa. A veces tenemos la memoria delante de los ojos y no la vemos. Y otras veces la vemos, pero como la hemos tenido siempre ahí, nos parece que forma parte del paisaje y ni nos damos cuenta.
Y creo que con Timbiriqui Teatro puede estar pasando un poco eso.
A raíz de unas declaraciones de Luis Monzón, me puse a tirar del hilo. No por hacerle una biografía ni por ser alguien muy cercano, es familia, nuestras madres eran primas, las dos ya fallecidas y las dos tenían algo que las caracterizaba, esa sonrisa siempre presente, incluso en los momentos que la vida se empeñaba en poner las cosas cuesta arriba.
Quizás por eso también me ha gustado y me he animado a meterme en esto.
No solamente por curiosidad, sino por escribir una versión de parte de la historia cultural de nuestro pueblo y porque, mientras más datos iba encontrando, más claro tenía que aquí había una historia que merecía ser contada.
Y como casi siempre pasa cuando uno empieza a escarbar un poquito en Valsequillo, debajo aparece bastante más de lo que parecía.
Todo empezó mucho antes de lo que uno pudiera pensar…Luis cuenta que fue en 1982, en las escuelas de verano que organizaba Almogaren en el cine de Paquito Cabrera, cuando se subió por primera vez a un escenario.
Él, Juan Esteban Rodríguez y Fernando Toscano hicieron una pequeña escena de humor. Luis recuerda incluso que por entonces le llamaban el Boliche. Hacían de mexicanos que llegaban a un ventorrillo y pedían una lechita, imagínense la escena, unos chiquillos, un escenario, ganas de pasarlo bien y poco más.
Pero allí Luis descubrió algo que después iba a marcarle la vida, que hacer reír a la gente también podía hacerla y hacerle feliz, y de aquello, que seguramente ninguno pensó que fuera a llegar mucho más lejos, salió una vocación.
Después vino Valbanera, que Luis recuerda desde su memoria como la primera compañía teatral de Valsequillo. Y por aquellos mismos años estuvo también relacionado con los primeros tiempos de la Suelta del Perro Maldito, llegando a recordar cómo corría detrás de Paco el Toro en aquellas primeras noches de San Miguel.
Esto lo cuento porque me parece importante, no para apropiarnos de nada ni para repartir méritos cuarenta años después.
Lo cuento porque nos ayuda a entender de dónde viene una parte de aquella generación que empezó a hacer cultura en Valsequillo cuando no había tantas cosas organizadas, ni tanta programación, ni tanta infraestructura.
Había gente con ganas de hacer cosas, y ya está y a veces con eso es suficiente para empezar. Y por ahí apareció Timbiriqui, lo que he encontrado sitúan en 1985 su nacimiento.
Hay que decir que las fechas que aparecen en los distintos sitios no son todas exactamente iguales. Una cosa es el origen del proyecto y otra su posterior consolidación como compañía y empresa profesional.
Pero independientemente de las fechas lo importante es que Timbiriqui viene de muy atrás.
No es algo que apareciera hace cuatro días porque hubiera una subvención, una programación o una moda nueva, ha habido un recorrido detrás, y hasta el nombre tiene su cosa, porque Timbiriqui nos lleva a nuestros ventorrillos, bochinches o chiringuitos tan nuestros, muy de Valsequillo.
Luis encontró en el clown su manera de contar las cosas, él lo sitúa hacia 1989 en su acercamiento al mundo del clown. Tampoco fue aquello de ponerse una nariz roja y venga, a hacer el payaso. Hubo estudio, búsqueda, formación y muchos años de trabajo.
Hay una frase suya que se me quedó dando vueltas,
HACER REÍR ERA MUY SERIO.
Y cuanto más lo pienso, más razón le encuentro porque hacer reír de verdad no es hacer el tonto, eso lo hace cualquiera. Lo difícil es conseguir que alguien se ría, se emocione, piense y se vaya p’a su casa un poquito mejor de lo que llego, y Luis fue encontrando ahí su camino.
Mientras tanto, Timbiriqui iba creciendo y pasando de aquella primera etapa más experimental a convertirse en una estructura profesional dedicada a las artes escénicas, y eso, dicho así parece fácil.
Pero vivir del teatro, del clown y de la cultura en Canarias tiene bastante de vocación y otro tanto de cabezonería, de esa cabezonería buena que no se quita ni con agua caliente.
Y VALSEQUILLO VOLVIÓ A ESTAR EN MEDIO DE TODO
Uno de los capítulos que más me llaman la atención es Tres Días de Farándula, porque aquello fue creciendo hasta convertirse en un festival internacional de payasos con Valsequillo como su casa, y aquí creo que merece la pena decirlo sin complejos,
ESTO NO NACIÓ EN UNA GRAN CIUDAD. NACIÓ AQUÍ, Y LO HIZO DE LA MANO DE GENTE DE AQUÍ.
Timbiriqui y Luis Monzón son los encargados de la producción y dirección del festival desde sus primeros años, y con el tiempo aquello fue trayendo a Valsequillo artistas de fuera de Canarias y de distintos sitios del mundo.
En 2023 el festival llegaba a su 17 edición y era presentado como una referencia internacional del clown, y en 2025 llegaba a su 19.ª edición, contando con artistas de Argentina, Dinamarca, Uruguay, Cabo Verde, Venezuela, Canadá y distintos lugares de España.
A ver…Que un pueblo como Valsequillo consiga mantener durante años un festival internacional de estas características no es cualquier cosa. Y menos todavía si detrás hay gente que lleva décadas currándoselo.
Y apareció Vericueto, otro capítulo importante es Vericueto, un payaso del mundo.
Un espectáculo de Timbiriqui protagonizado por Luis que terminó viajando mucho más lejos de lo que probablemente imaginaron aquellos muchachos que empezaron haciendo de mexicanos en un ventorrillo.
En 2009 llegó al Festival Iberoamericano de Teatro de Mar del Plata, donde obtuvo el reconocimiento al mejor espectáculo unipersonal. Después llegaron más escenarios, más países, más kilómetros y más historias, y ahí está la gracia de todo esto.
Que se puede salir de Valsequillo y recorrer medio mundo, pero hay algo que no se lleva en una maleta, se lleva en el corazón, EL LUGAR DE DONDE SALIÓ, y en este caso ese lugar está bastante claro.
No quiero convertir esto en una historia de una sola persona, esto es importante, aquí ha habido mucha gente, muchísima, estuvo Almogaren, Valbanera, Paco el Toro y toda aquella gente que puso en marcha y mantuvo el Perro Maldito…
Y después vinieron otros colectivos, artistas, asociaciones, maestros, vecinos, trabajadores de la cultura y gente que hizo cosas sin que nadie estuviera pendiente de ponerles un reconocimiento.
Por eso que le reconozca aquí a Luis y a Timbiriqui no le quita nada a nadie, todo lo contrario, me parece que ayuda a poner un poco de orden en nuestra memoria.
Un pueblo no tiene que elegir entre sus protagonistas, debería reconocerlos a todos, cada uno en su lugar, en su sitio.
Y mientras arrejuntaba todos estos datos pensé en una cosa
que lo de Timbiriqui tiene algo muy de Valsequillo, unos chiquillos empiezan haciendo teatro en unas escuelas de verano, después viene una compañía, luego el clown, el trabajo profesional, los viajes, los premios, los festivales.
Y al final resulta que aquel nombre que empezó sonando a bochinche termina paseándose por escenarios de aquí y de afuera, y todavía sigue, y eso es lo que más nos debe llamar la atención.
LA CONTINUIDAD.
Porque empezar algo puede tener mérito, pero amigo mantenerlo durante décadas, seguir trabajando, seguir aprendiendo, seguir creando y seguir volviendo al pueblo tiene todavía más. Y por eso escribo esto, no porque piense que haya que poner ahora a Timbiriqui en un altar.
Lo escribo porque, después de escuchar a Luis contar parte de su historia y de ir juntando datos de estos más de cuarenta años, me parece que tenemos la obligación, aunque sea pequeña, de ir recuperando y poniendo en su sitio parte de la memoria cultural de Valsequillo.
Y esta es mi pequeña aportación, mi granito de arena, mi manera de decir, Paco, Luis, Almogaren, Valbanera, el Perro Maldito y tantos otros que fueron haciendo cosas cuando todavía nadie sabía en qué acabarían convirtiéndose… aquí hubo mucha gente.
Hubo gente que se movió, inventó, arriesgo, se equivocó y que volvió a intentarlo y sigue haciéndolo, y que hizo cultura porque le daba la gana hacerla, porque la sentía y porque quería y quiere a su pueblo.
A mí me parece que eso merece respeto, y también merece que se cuente, no para vivir mirando para atrás, todo lo contrario. Para saber quiénes fueron poniendo las primeras piedras mientras los demás todavía estábamos mirando a ver qué era aquello.
Señoras y señores, cuando el camino ya está hecho siempre aparecen unos cuantos diciendo que ellos sabían perfectamente por dónde iba la cosa. Eso también es muy de aquí, muy nuestro.
Pero la historia, cuando se cuenta con cariño y con un poquito de memoria, acaba poniendo a cada cual en su sitio.
Y a mí, después de todo lo que he ido conociendo de Timbiriqui y de Luis Monzón, me parece que este Valsequillero tiene ganado el suyo.
Y quizás por aquello que decía al principio, por ese vínculo familiar que viene de nuestras madres, por aquellas dos mujeres que ya no están y que, curiosamente, compartían las dos aquella sonrisa que parecía que no se les acababa nunca, también me hace especial ilusión poder escribir esto.
Porque al final uno no escribe solamente de nombres, fechas y teatros.
También escribe de la gente, de la gente que conocimos, de la gente que queremos, de la gente que forma parte de la historia de nuestro pueblo y, de una manera u otra, también de la nuestra.
Este es simplemente mi homenaje.
A Luis, a toda la familia Timbiriqui, y a todos los que, desde la cultura y desde abajo, fueron haciendo un Valsequillo un poquito más nuestro.
PORQUE HACER REÍR DURANTE CUARENTA AÑOS NO ES POCA COSA.
Y si además lo haces llevando el nombre de Valsequillo por ahí afuera…
PUES, COÑO, HABRÁ QUE RECONOCERLO.
Y nunca es tarde, aunque sea con un artículo.
Pero que se sepa.
MIGUEL MONZÓN
