OPINIÓN

PAQUITO MI NIÑO: EL HOMBRE QUE TAMBIÉN HIZO POSIBLE EL PERRO MALDITO

Después de escribir sobre Paco el Toro y sobre Juan el Largo, me faltaba alguien. Y no alguien cualquiera, me faltaba Paquito Mi Niño.

Porque si aquellos dos fueron importantes en la historia de la Suelta del Perro Maldito, Paco también tuvo mucho que ver. Y bastante más de lo que quizás se ha contado.

Yo ya he dicho otras veces que estas cosas no las hizo una sola persona. Allí había un montón de gente. Recuerdo aquella comisión de fiestas donde se habló de la idea y se dio el visto bueno. Estaban Juan el Largo, Paco el Toro, Miguelo Monzón, Paco el Churro, creo que también Manolo Del Pino y un montón más de gente que ahora mismo no soy capaz de recordar por sus nombres, y seguro que fueron muchos más.

Así que, si alguno de los que estuvo allí no aparece nombrado, que no piense que no lo tengo en cuenta. Los años pasan y la memoria hace de las suyas, pero lo importante es que todos pusieron algo.

Y entre ellos estaba Paco, Paquito Mi Niño.

Hablar del Colectivo Almogaren y no hablar de Francisco Rodríguez Henríquez sería como contar una fiesta y olvidarse de la comisión. Se puede hacer, pero se te queda la cosa a medio.

Paco fue miembro fundador y durante muchos años estuvo al frente del grupo. Pero además desarrolló una enorme labor en la música, en el cine y, sobre todo, en ese empeño suyo por investigar, recuperar y dejar recogidas tantas cosas de nuestra nación y nuestra tierra que, si no se hubieran contado, grabado o buscado en su momento, vete tú a saber dónde estarían hoy.

Y hay una cosa que a mí me llama especialmente la atención, Paco aparece de una manera u otra a lo largo de prácticamente toda la historia de Almogaren.

Eso no quiere decir, ni mucho menos, que Almogaren fuera cosa de Paco.  Aquello fue siempre un proyecto colectivo, de mucha gente, y cada uno iba poniendo lo que podía y sabía. Unos con la música, otros con las ideas, otros investigando, grabando, organizando, buscando información y otros, sencillamente, estando allí, que a veces parece poca cosa, pero no lo es. Pero Paco tenía una particularidad, estaba en muchos de esos frentes a la vez.

No se limitaba a una sola tarea, lo mismo estaba metido en la música que detrás de una cámara, buscando información, hablando con alguien para recuperar una historia o echando una mano para que una idea pudiera salir adelante, y eso, con los años, se nota.

Porque en estos follones colectivos, como te descuides, tienes a veinte personas hablando, discutiendo y ninguna haciendo. Y allí, de una manera o de otra, se iba haciendo, y Paco era de los que estaban en esa parte de hacer.

Por eso la relación entre Paco y Almogaren fue tan estrecha que, visto desde hoy, cuesta separar una cosa de la otra, amigo y eso tiene su aquel.

Porque detrás de todos aquellos años hubo muchísima gente. Casi ochenta personas llegaron a formar parte del colectivo en distintos momentos, y cada una fue dejando lo suyo, su granito de arena, su idea, su trabajo o sus horas, para que aquello fuera creciendo y tomando forma.

El director que no parecía director, Paco siempre fue el director, entre comillas, y pongo las comillas porque dirigía sin dirigir.

Tenía esa manera de estar, no era de ponerse delante y decir, aquí mando yo, más bien iba hablando, proponiendo, organizando y haciendo que las cosas fueran saliendo.

Pero cuando había que ponerse serio, se ponía. Y no era fácil porque allí había mucha gente distinta, con sus ideas, sus maneras de ser y sus puntos de vista, y para sacar adelante un proyecto de aquellos había que conseguir que toda esa gente fuera más o menos p’al mismo lado.

Y Paco sabía hacerlo, no necesitaba estar dando órdenes todo el rato. Estaba allí, ¡venga, coño, señoreees, chiquillooos!, y eso muchas veces era suficiente.

Y con la música tenía mucho que ver, yo creo que una de las partes donde más se notaba su mano era en la música. Las letras llegaban y Paco las cogía, las trabajaba, buscaba una melodía, probaba cosas, investigaba otras músicas y trataba de que letra y música pegaran. Y muchas veces, la mayoría, lo conseguía. Además tenía una cosa que a mí siempre me llamó la atención, mezclaba.

Cogía cosas de nuestras tradiciones canarias y las mezclaba lo que hoy llamaríamos fusión con ritmos africanos, con cosas de los ranchos de ánimas, con otras músicas que iba buscando y conociendo, y de ahí salían cosas nuevas, eso tiene bastante trabajo detrás.

No era coger una música y ponerle una letra encima, había que buscar, probar, adaptar y conseguir que aquello sonara bien. Y creo que esa labor de Paco no se le ha reconocido como debería, fue una grandísima labor de creación.

Paco estaba, pero no buscaba protagonismo, y esto es importante, no era de los que necesitaban salir delante. Trabajaba, discutía y, cuando tocaba ponerse seria la cosa, se ponía, y a veces las situaciones se acaloraban bastante. Todo no era una balsa de aceite, pero después de las calenturas siempre se sacaba el lado positivo y al final se concluía en lo importante.

Por eso, cuando pienso en Almogaren y en aquella época, me cuesta imaginar muchas de aquellas cosas sin Paco por medio. Y no porque hiciera todo, que no lo hizo, sino porque formaba parte de muchas de las cosas que se iban haciendo.

Almogaren era y fue mucho más…hubo una preocupación muy grande por investigar nuestras cosas, nuestros oficios, nuestras costumbres, nuestra música y nuestra gente. Y Paco tuvo mucho que ver con eso.

El propio Almogaren recoge que en 1987 se hizo la primera Suelta del Perro Maldito y que aquella idea venía rondando por la cabeza de Juan el Largo y Paco Rodríguez, con Paco el Toro como protagonista principal.

Con eso ya nos queda bastante claro. Pero además está todo el trabajo audiovisual, Tarha, La Trilla, El Almendrero, Leonardo Peñate, Juan Ramírez…

Había una preocupación por recoger cosas que se podían perder, personas, historias, trabajos, costumbres…cosas que quizás para algunos no tenían importancia, pero que para aquella gente sí la tenían, y mucho. Y aquí voy a decir una cosa.

En mi modesta opinión, y siempre desde mi manera de verlo, Paquito Mi Niño ha sido alma y uno de los motores de Almogaren. Sé que es una afirmación contundente, y hasta me imagino al propio Paquito diciéndome, ¡Qué va, hombre! ¿Qué dices tú, muchacho?, y no me extrañaría nada, porque Paco nunca ha sido de ponerse medallas, pero yo lo veo así. Es mi manera de recordarlo y mi manera de haberlo vivido y, ¡coño, y con perdón!, aquí me permito yo esta licencia.

Porque cuando uno mira para atrás y empieza a acordarse de todas aquellas cosas, resulta que en prácticamente todas aparece su mano de una manera u otra, haciendo música, organizando, buscando, investigando, grabando…y eso también cuenta.

Porque Paco también sabía dar la cara, y esto también forma parte de él, no todo era música, cine, fiestas o cultura.

Cuando Paco el Toro tuvo aquella complicación por la insumisión y llegó el momento del juicio, Paco Mi Niño fue uno de los que se autoinculparon, y hay que recordar también aquel rifirrafe que tuvo con el fiscal. No para hacer de esto una película ni convertirlo en un héroe de nada. Lo cuento porque yo creo que ayuda a entender su parte de compromiso. Porque una cosa es estar cuando todo está tranquilo y otra es ponerse cuando vienen mal dadas. Y Paco, cuando había que ponerse y este fue un momento delicado, se puso y se posicionó.

Por eso quería escribir sobre él, después de Paco el Toro y Juan el Largo, sentía que faltaba esta parte, no para quitarle méritos a nadie, todo lo contrario, para poner otra pieza encima de la mesa. Porque como ya he dicho, aquello no lo hizo uno solo. Hubo mucha gente pensando, escribiendo, cantando, tocando, investigando y, entre todos, haciendo que aquello saliera p’alante.

Y Paco fue de los que más caminos recorrieron dentro de Almogaren. Música, cine, investigación, organización, memoria… un poco de todo. Sin ponerse medallas, sin necesidad de estar siempre delante, pero dejando huella.

Por eso, cuando miro hacia atrás y pienso en Almogaren, en aquellos años y en todo lo que salió de allí, entiendo que hablar de aquella historia sin hablar de Paquito Mi Niño sería dejarse una parte por contar.

Y esa parte, para mí, tenía que estar aquí, porque Paco no fue el único,  pero tampoco fue uno más.

FUE PACO MI NIÑO. Y ESO, CON LOS AÑOS, TAMBIÉN CUENTA.

(Las fotos son Hermann Hellbusch. Gracias amigo)

MIGUEL MONZÓN

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