OPINIÓN

DEATH CAFÉ: HABLAR DE LA MUERTE PARA APRENDER A VIVIR

Ayer me pasé por el Centro Cívico de Valsequillo para estar en un encuentro de esos que no se ven todos los días. Se llamaba Death Café o lo que es lo mismo, el Café de la Muerte.

De entrada el nombre te puede echar un poco p’a atrás, porque no estamos acostumbrados a tratar el tema con naturalidad, de hecho basta con que salga la palabra en cualquier conversación para que más de uno busque rápido cómo cambiar de asunto, no sea que la muerte se dé por aludida y nos coja sitio en la fila.

Pero la idea es justo esa, tener un hueco tranquilo para charlar de algo que está ahí, en el día a día, y que tarde o temprano nos va a tocar a todos.

La experiencia estuvo muy bien. Fue una reunión cercana, sin discursos preparados, sin nadie intentando convencer al de enfrente y sin la obligación de sacar conclusiones. Cada cual tiene su manera de llevar estas cosas y todas se respetaron por igual. De lo que se habló allí no voy a contar nada, porque lo bueno de estos encuentros es precisamente la confianza y la discreción entre los que asistimos, pero sí puedo decir que me pareció algo muy acertado.

Todavía nos da bastante cosa hablar de la muerte. Parece que nombrarla sea llamarla, cuando lo que hacemos es mirar para otro lado, como si así el asunto no fuera con nosotros. Y hablar de ello no significa ponerse triste, coger miedo ni estar pensando todo el día en el final del principio. Al contrario, te hace poner la vista en la vida, en cómo nos llevamos con los demás y en el valor de los detalles cotidianos a los que a veces no hacemos ni caso. Que la muerte sea un misterio es justo lo que le da aliciente a la vida, le pone la guinda al pastel para apreciarla de verdad.

Por eso estaría bien que esto tuviera continuidad en Valsequillo. Hacen falta lugares donde la gente pueda juntarse, hablar claro y escuchar sin sentirse juzgada.

Mi reconocimiento a la organización y a toda la gente que estuvo ayer allí. Salí de allí con muy buena sensación y convencido de que merece la pena abrir estos espacios. Al final, sabemos que no sabemos gran cosa. Pero hay una certeza, nuestra vida material tiene un final, aunque no sepamos cuándo llegará. Por eso, lo urgente es lo que tenemos entre manos, vivir, cuidar de los nuestros y no dejar para mañana aquello que de verdad importa.

MIGUEL MONZÓN

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