HASTA SIEMPRE HERMANA

Hay despedidas que duelen de una manera difícil de explicar, porque no solo se marcha una persona, también queda un vacío en una historia que hemos construido juntos. Y hoy nos toca despedirnos de ti, nuestra querida HERMANA, nuestra presidenta y una de las personas que han dado sentido a esta gran familia que es nuestra parranda.
Hablar de ti es hablar de entrega, compromiso y, sobre todo, de amor por la música y por nuestras tradiciones. Has dedicado una parte de tu vida a cuidar de esta parranda, a mantenerla unida y a hacerla crecer, consiguiendo que cada uno de sus componentes sintiera que tenía un lugar en ella. Detrás de tantos ensayos, actuaciones, encuentros y experiencias compartidas hay una parte de ti, de tu esfuerzo y de la ilusión con la que siempre has defendido este proyecto.
Pero tu huella va mucho más allá de tu labor como presidenta, porque una parranda no se construye únicamente con canciones e instrumentos, sino con personas, con cariño y con vínculos que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en una familia. Y tú has sido una pieza fundamental de esa unión. Nos dejas innumerables momentos, vivencias y recuerdos que forman parte de nuestra historia y que permanecerán siempre con nosotros.
Nos enseñaste que nuestras raíces no son solo algo que debemos recordar, sino algo que debemos cuidar, sentir y transmitir a quienes vienen detrás. Que la ilusión se mantiene viva cuando hay personas que creen en lo que hacen y que nuestras tradiciones perduran gracias a quienes las defienden con el corazón.
Hoy nos cuesta imaginar la parranda sin ti. Nos costará acostumbrarnos a tu ausencia, a no encontrar tu mirada, a no escuchar tus palabras y a no contar con esa presencia que tantas veces nos ha acompañado y guiado. Hay personas cuyo lugar dentro de una familia es único, y el tuyo siempre será irremplazable.
Ahora nos queda la responsabilidad de cuidar todo aquello que ayudaste a construir y de seguir caminando con la misma ilusión y el mismo amor que nos transmitías. No se trata de ocupar tu lugar, sino de honrar todo lo que nos has enseñado y hacer que aquello por lo que tanto trabajaste siga creciendo. Seguiremos cantando, compartiendo y manteniendo viva esta familia, llevando siempre contigo una parte de nuestra historia.
Gracias por cada esfuerzo, por cada enseñanza y por todo lo que nos has regalado a lo largo de este camino. Gracias por haber hecho de esta parranda mucho más que un grupo unido por la música.
Hoy te despedimos con el corazón roto, pero también con un inmenso orgullo y una gratitud infinita por haber tenido la suerte de compartir contigo tantos momentos.
Tu voz se apagará, pero nunca dejará de sonar en nuestra memoria. Y mientras haya una canción, habrá un pedacito de ti entre nosotros.
Hasta siempre, Hermana.
Esta siempre será tu parranda.
