EL PERINQUÉ: EL VUELO DE UN CÓNDOR

_Adiós, mi vida, ya me despido…
tristes suspiros lleva mi voz.
Tristes palabras de despedida…
adiós, mi vida y adiós, adiós_. (Popular)
Esta malagueña canaria es una de las canciones más tristes que sacuden cuerdas en un timple, una bandurria o una guitarra.
El crugir de unas chácaras.
La cultura, el cancionero, la música, el baile, el arraigo y en definitiva, el sentimiento con mayúsculas, distingue el latir canario.
Hermana era un latido de ese corazón isleño.
Era una Valsequillera de altura.
El vuelo de un Cóndor.
Y no tenía nombre. Era simplemente Hermana.
La hermana de todos se bautizó como Teodora, nombre que procede de la cuna griega: Theodora:
_Theos que significa «Dios» y dōron, «regalo»_
Regalo de Dios.
_¿Y quién duda en Valsequillo de que esta mujer ha sido un regalo del cielo a la comunidad?_
Y como el Cóndor, aprovechó las corrientes cálidas, para sobrevolar la sabiduría del pueblo canario y elevar su espíritu. Emergió del centro del pueblo para planear y cazar talentos. Y agasajarnos con su brillante vuelo simétrico.
Apenas necesitó planear. El Cóndor es altura.
No nació entre algodones, ni nidos de fantasía, ni entre redes de arácnidos sociales.
No se impostaba. Un Cóndor nunca lo hace.
Era así, de natural carismático.
Nació en otra realidad. Y, enfrentó la vida como Calderón de la Barca, despidiéndose en verso.
_Adiós, Valsequillo querido.
Me voy a tierras extrañas, dejando en mi alma la herida, las voces de tus montañas.
Quiero cantar a la vida. Al fuego de tu mirada,
Cantar a mi gente querida, cantarle a mi gente amada_. (Canción popular).
¡Y quién no se admira cuando un Cóndor pasa!
REYES BOLAÑOS
