OPINIÓN

LAS MÁSCARAS SIEMPRE TERMINAN CAYENDO

En las redes sociales hay personajes que tienen más vidas que un gato y más nombres que un santo en el calendario. Hoy aparecen como María Pérez, mañana como Óscar David y pasado Dios dirá. Dos perfiles entre tantos otros que pululan por ahí repartiendo críticas, sentencias y lecciones de moral desde la comodidad del anonimato.

Cada cual sacará sus propias conclusiones sobre quién puede esconderse detrás. No hace falta señalar a nadie. Hay veces que las formas hablan mucho más alto que los nombres. Porque cuando uno está seguro de sus ideas, no suele necesitar disfraz para defenderlas.

Lo curioso de estos personajes es que siempre tienen respuestas para todo, excepto para la pregunta más sencilla: ¿POR QUÉ NO DAS LA CARA?

Desde ese parapeto digital construyen discursos grandilocuentes, pontifican como si hubieran descubierto la pólvora y reparten certificados de inteligencia con una generosidad que ya quisiera la lotería de Navidad. Pero cuando llega el momento de sostener sus planteamientos con argumentos sólidos, comienza el espectáculo.

Se enredan. Se repiten. Vuelven al principio. Abren un paréntesis dentro de otro paréntesis y terminan haciendo un ovillo de palabras del que ni ellos mismos encuentran la punta. 

MIGUEL MONZÓN

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