LAS DERECHAS

LUISA DEL ROSARIO

No era fácil prever que, a estas alturas, la disolución de Ciudadanos estuviera más cercana en el tiempo que la de Unidas Podemos. Ni sobre la formación naranja se ha acumulado una docena de causas judiciales fallidas ni los medios de comunicación han sido tan machacones con los de Inés Arrimadas, como lo han sido (y siguen), hasta el hastío, con los de Pablo Iglesias.

Además, a diferencia de Unidas Podemos, del que se puede decir que es un jeroglífico ideológico en el que cada persona es una causa, a la mayor parte de Ciudadanos no los unió nunca nada, atrayendo por igual a gente de derechas, de extrema-derecha, de centro (valga la redundancia) y de la izquierda de salón y canapé.

El paso por la política de Ciudadanos no dejará demasiadas enseñanzas. Un partido de cartón piedra hecho a golpe de talonario para satisfacer poderes mediáticos y bancarios no suele ser la receta magistral para figurar en los libros de ciencia política. A lo sumo, ha conseguido ser un PP descafeinado y sin corrupción, logro nada difícil de conseguir, habida cuenta de la voracidad de los herederos de Manuel Fraga.

Alguno y alguna podrá pensar que este fracaso es una mala noticia para la democracia, pues, según los oráculos mediáticos, España necesita un partido moderno de derechas. Sin embargo, Ciudadanos solo cumplía la mitad de la receta. Como se ha demostrado en los últimos días, la modernidad ni está ni se la espera. Pero tampoco es necesaria, las encuestas parecen apuntar que lo que quieren la mayoría de sus votantes es una derecha todavía más rancia.

LUISA DEL ROSARIO

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