EL GANADOR DERROTADO

Núñez Feijóo, amigo fiel del apóstol Santiago, que enseñó que no se debe dar preferencia a los ricos sobre los pobres y la importancia de controlar la forma de hablar, le dio las gracias, recientemente, por el éxito electoral obtenido. Está legitimado para formar gobierno. Pero no puede. También lo está Pedro Sánchez, y si consigue una mayoría de investidura, cuando se forme el Congreso, seguirá siendo presidente. Así funciona la maquinaría. Porque no vale tener solo la lista más votada, cosa que el PP sabe muy bien. Tiene más de 200 alcaldías en su poder donde no es la primera fuerza.
Varios presidentes autonómicos llegaron a gobernar sin obtener la victoria, gracias a los pactos con Ciudadanos o Vox. El caso de la actual presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, es un ejemplo cercano después de ganar el PSOE las elecciones autonómicas el 28M. Acusó a Fernández Vara de fraude por querer ir a la investidura sin los apoyos suficientes, como le ocurre a Feijóo ahora. O sea, el fariseísmo de los personajes de esta derecha extrema es indiscutible.

Volviendo al apóstol y pese a la conexión de Feijóo con él, el líder popular (de momento) y sus colegas no le hacen ningún caso. Dan prioridad a las clases altas para que la «gente de bien» dé simples mendrugos a los de abajo, y no controlan su forma de hablar, ya que dominan un delirante cinismo y hostigan e injurian perfectamente. Junto a sus socios directos de la extrema derecha, han generado líos artificiales para obtener el fervor del vecino. Y galopa y corta el viento la censura actual contra lo que no les interesa. Tras el calentamiento climático llega la ebullición que irá aumentando.
No obstante, el presunto triunfador de las elecciones generales del 23J y presidente del PP envió el otro día una carta a Sánchez con un emotivo lenguaje angelical. Ahora sí. Mientras, Díaz Ayuso, Cuca Gamarra y otras voces sueltan barbaridades tranquilamente, sobre todo la primera, ganadora del primer premio a las locuciones más grotescas. Ayuso sigue con su particular batalla anti-Sánchez, al que vuelve a acusar de querer «instaurar en España una república federal» y de pretender cepillarse al rey, entre otros inventos cómicos. Nadie ha visto nunca nada parecido, aunque no importa. La «destrucción nacional» continúa en marcha. Eso sí, España no se ha roto ni se va a romper. No puede ser de otra forma.
Pablo Casado le llamó felón, sociópata, falso presidente, guerracivilista y mucho más. Feijóo también le ha dedicado hermosas palabras. El que no vino para insultar. Recuerden. Déspota irresponsable, débil, sectario, autoritario, ególatra, caudillista… Hoy es el «estimado Pedro» con el que quiere dialogar después de haberle hecho un corte de mangas sistemático y de embarrar el terreno de juego para confundir a la ciudadanía que está en las gradas viendo el devenir de la pelota.
No ha contribuido a la buena gobernabilidad, al diálogo responsable y a la estabilidad política e institucional. Durante toda la legislatura, en una carrera llena de obstáculos, no buscó la normalidad nunca ni nuestro interés. Gracias, Alberto, por buscarlo actualmente. Es el ganador que ha perdido en el fondo. Ahora le importa muchísimo la democracia, no le gusta la polarización de la sociedad, a la que ha contribuido notablemente, ni llevar al límite a nuestro sistema constitucional. O dividir España.
El «perdedor», según la señora Gamarra, es el presidente en funciones, por lo que debe permitir un gobierno en solitario de Feijóo. Es el vencedor derrotado. Porque los grupos huyen y nadie le apoya. Esta actitud es una «falta de respeto absoluto a los españoles», dice la secretaria general del PP. Sí. El mismo que vista y calza. Únicamente ha aportado crispación, enajenaciones y mentiras. Mucho ruido y ninguna nuez. A eso se apuntan sus miembros para seguir realizando el mismo y risible papel.
Visto el difícil horizonte, los independentistas deben decidir si prefieren confrontación o entendimiento de alguna manera. El «conflicto» catalán solo se puede resolver pacíficamente, en la mesa de diálogo y dentro de la legalidad. En beneficio de todos y reforzando el modelo territorial. La gobernabilidad depende de Sánchez, de Sumar y de quienes han venido apoyando al Gobierno de coalición progresista. Junts, el partido de Puigdemont, tendrá que decidir si provoca una repetición electoral, asumiendo el coste político de esa posible temeridad, o si da ciertas facilidades al candidato del PSOE.
El expresidente de Cataluña y eurodiputado, por cierto, no es prófugo de la justicia española ni exiliado. Huyó a Bélgica después del referéndum inconstitucional. Está en paradero conocido y no ha podido ser extraditado para ser procesado aquí. Ya saben que la Fiscalía (oportunistamente) pide reactivar su búsqueda y captura y que el juez Llarena no pedirá la euroorden hasta tener claro que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea no le devolverá la inmunidad. Por su parte, en el caso de que no haya nuevos comicios, a Feijóo le queda por decidir si va a liderar la oposición y reagrupar a la derecha o si coge la maleta y corre hacia Galicia.
MARC LLORENTE
