EL CHARLATÁN LOCAL
El teatro del charlatán: de la carpa de feria, al salón de plenos.

El charlatán de feria es una de las figuras más fascinantes de la historia del engaño masivo. Su éxito nunca dependió de la calidad de su producto —siempre tóxico—, sino de una metodología psicológica magistral perfeccionada durante siglos en ferias de pueblos, espectáculos ambulantes y plazas del mercado.
La historia está llena de embaucadores fascinantes cuyo carisma y audacia les permitieron engañar a aristócratas, reyes, e incluso, a naciones enteras.
En Valsequillo, a falta de un micrófono en cada fiesta, acto o evento, nuestro charlatán local ha querido convertir el salón de plenos en el escenario ideal para desarrollar su habitual estrategia. La realidad, sin embargo, le ha castigado. Ya no dispone de micrófono gratuito. Ni siquiera dispone de tiempo extra y, para colmo, cada vez que habla se convierte en claro perdedor. Siempre sale muy castigado.
Habitualmente, el charlatán no suele actuar solo ni al descubierto; necesita crear un teatro de la persuasión y, para ello, busca a unos cómplices dispuestos a ayudarle a vender cualquier mentira.
Sin embargo, en los últimos años, nuestro personaje ha optado por rodearse de ineptos y actualmente no tiene un entorno adecuado para desarrollar su estrategia.
Es notorio que ya no dispone de un cómplice disfrazado mezclado entre público.
Hoy, la escena del cómplice disfrazado la desarrolla él mismo, transformado en ‘chico para todo’; tan pronto como termina su discurso de charlatan en un Pleno, «su otro yo» ya está publicando en redes sociales bajo un seudónimo u otro, pero perfectamente identificable.
El ridículo es doble ya que tanto sus valoraciones como sus propias fotos, le desmienten. El «Día del Vecino» nos ha proporcionado un documento gráfico dramático para ASBA.
EL VICTIMISMO, YA NO CUELA.
A veces, el charlatán se presenta como una pobre víctima inocente atacada por «malas personas» en las redes sociales, proclamando que todo lo bueno es propio y todo lo malo es de otros.
Asume el crédito de cualquier acierto (incluso ajeno o casual) y busca chivos expiatorios para cubrir sus propios fracasos e incompetencias.
El charlatán se presenta como la única persona capaz de resolver los problemas del municipio, mientras retrata a sus opositores como ineptos, malos gestores y enemigos del pueblo.
Pero el truco maestro del charlatán no es la certeza de su mensaje, sino la caducidad de la estafa. El engaño consiste en vender promesas a corto plazo (solo hasta pasadas las inmediatas elecciones), de modo que, para cuando el efecto pase y la promesa se desvanezca, el carro cargado de fórmulas milagrosas ya estará a muchos kilómetros de distancia, rumbo a la siguiente gran mentira.
El charlatán representa la figura clásica del líder engreído que confunde la persistencia con la terquedad y el liderazgo con la vanidad.
Su ego le ha convertido en una sombra que camina entre la multitud convencido de que los murmullos de descontento son, en realidad, aplausos a su caótica gestión.
«SI EL POLVO SE AMONTONA, SE PUEDE CREAR UNA MONTAÑA «
Nuestro charlatán local logró mantener el engaño durante un tiempo. Sin embargo, en el tablero actual, las redes sociales y los perfiles independientes, amontonando infinidad de motas de polvo entre todos, hemos levantado montañas de información contrastada que ha cambiado su discurso triunfalista por una visión real de su gestión: hoy, desde las redes sociales, nos encargamos de explicar todo con pelos y señales, desnudando con inmediatez las mentiras de un charlatán «muy básico».
Entre todos hemos conseguido que haya muchísimos más críticos que cómplices mezclados entre el público, listos para destapar y denunciar sus mentiras.
Y en ello vamos a seguir.
Postdata:
«¿Se han dado cuenta de un detalle? En este comentario, sin mencionar ni una sola vez el nombre de nuestro charlatán local, todo el mundo sabe de quien estamos hablando».
(PERFIL ACLARANDO VALSEQUILLO)




