El Cardón. Un barrio olvidado de Valsequillo

La memoria de Jesús Ramírez Santana, el pastor del Cardón, rescata la historia de uno de los barrios más antiguos de Valsequillo, entre caminos reales, eucaliptos centenarios y el sentimiento de abandono de sus vecinos
Allí donde el barranco de San Miguel se ensancha y aparece el bosque de eucaliptos rojos más robusto y conservado del municipio —protegido por Medio Ambiente—, se hizo un camino que terminó perdido entre la maleza, sin control, para el paseo de los visitantes.
Jesús Ramírez Santana, el pastor del Cardón, nació en el barrio hace ya cerca de noventa años. “Allí, en la casa amarilla”, me indica, “en la vuelta de Barbe. Por donde subieron ahora otra carretera. Allí vivieron mis padres, Antonio Ramírez Martín y Paulina Santana Gil. Mi hermano tiene 93 años y vive en La Barrera”, me comenta.
“Aquí había siempre unos 50 o 60 vecinos. Actualmente, entre los pocos que quedamos nacidos aquí y algunos que han llegado de fuera, seremos unos 30 vecinos, que se niegan a abandonar sus tierras, sus huertos y la esencia de un barrio olvidado”.
“Allí”, me señala, “en el lomito del Cardón, entrando al barrio, había una tienda, la de Mariquita, y la escuela de la señorita Pino, donde yo iba de pequeño, estaba más allá”. La gente actualmente siempre les dice que son de Tecén. “No”, confirma enfadado, “esto es El Cardón, y es uno de los barrios más antiguos de Valsequillo”.
“¿Usted ve aquel lomo que sube? Por ahí va el camino real del Cardón. Por ahí sacaban a los muertos a cuestas, subiendo hasta la Casa Quemada de La Barrera, para llevarlos a enterrar a Valsequillo. Y por ahí bajaban los curas y el médico cuando había que ir a buscarlos por alguna necesidad. Ese era el acceso más directo al barrio”.
“Pero aquí nos tienen olvidados”, alegaba, como aprovechando el altavoz de la comunicación para que los recordaran. “Eso de ahí es el Barranquillo Hondo. Sube otro camino que va por la orilla de la Hoya de León hasta Los Llanetes”.
Con la mirada perdida en la copa de los eucaliptos, Jesús recordaba, siguiendo el carrusel de preguntas y anécdotas de aquel espacio entre cañaverales, terrazas de naranjeros y el frondoso bosque de eucaliptos rojos que le da estampa propia a esta parte del barranco.
Jesús me recuerda que tiene el ganado ahora en la finca Los Sintes, que está frente a Las Hoyas. Tras comentarle mi relación con el dueño de la finca, Luis García, y con la señora Sintes, le pregunté si se acordaba del accidente del estanque. Entonces, ávido y pendiente de aquel cuento que le había dicho su padre cuando era pequeño, negó recordarlo con claridad porque era muy chico, pero me escuchó atento.
Cuando construían el estanque grande de la finca de Las Hoyas, a principios del siglo XX, Luis García me comentó una tarde de charla en la finca que se habían matado dos hombres en el derrumbe de una de las paredes de la construcción. Entonces el pastor apostilló: “Mi padre me lo decía cuando yo era pequeño. En la obra de las paredes laterales se fue una sorriba de piedras y los sepultó. Antes no había cemento y la argamasa de las paredes se construía con piedras y cal”.
“Yo no tengo teléfono móvil ni nada”, me dice, “pero le digo que por aquí abajo no aparece ningún político. Y los que aparecieron en su día no venían sino a hacer cosas que no le hacen falta al barrio. Como el camino ese de piedra en medio de los eucaliptos. Se gastaron diez mil euros ahí, para nada”.
“Bueno, en esta nueva corporación llamé para que adecentaran la carretera, después de correr el barranco, y el muchachillo este de La Barrera, Medina, vino en auxilio. Por lo menos dio la cara”, decía, agradeciendo los pocos gestos municipales que ha encontrado.
“¿Usted cree que yo voy al ayuntamiento a molestar? Si voy es para que vengan a solucionar un problema del barrio del Cardón, que nadie se acuerda de él nunca”.
Y allí, entre los carrizos y el polvo de la pista de tierra, echamos una conversación bastante jugosa. “Si necesita algo, aquí estoy siempre. Usted pregunte por el pastor del Cardón. Del Cardón, no de Tecén. ¿Me oyó?”.
Feli Santana
