AUSENCIA

Cuando la ausencia duele, el recuerdo aprende a quedarse
Cada vez me va costando más acostumbrarme a las ausencias, a los vacíos que dejan los que forman parte de mi camino, cuando llega una noticia que anuncia la inevitable partida de uno de los acompañantes del camino, una parte de mi se rompe, una parte de mí no encuentra consuelo, una fracción mía se marcha para siempre.
El primer impacto es aterrador, pensar tan solo que mi barrio, mi pueblo, mi ciudad… mi tierra van a dejar de besar sus pasos me traslada mente y corazón a un estado de desconcierto casi irreal, uno de mis anclas de la senda se marcha y yo quedo en un desamparo inconsolable, tan cerca como hoy no lo voy a tener más nunca. Con el paso de los días tan solo me va quedando la aceptación y la rendición ante la realidad: se fue.
Dejar de luchar contra lo imposible es lo único que puedo hacer, no hay más camino, unos tardamos más y otros menos en darnos cuenta de que antes de empezar ya habíamos perdido la batalla. Se por los años de ausencias, y por tanta lágrima derramada, que cuando el pellizco de dolor en el corazón va aflojando y el dolor es menos intenso, el mundo vuelve a recobrar el color lentamente, y por duro que parezca, si me esfuerzo un poco puedo sentir que una la fracción del que se fue habita en mí, y me va a acompañar lo que me quede de camino, y con suerte añadiendo el indispensable ingrediente del tiempo, el recuerdo me evocará una sonrisa, una satisfacción: el privilegio de haber sido compañero de andar en esta vida.
Cada vez me cuesta menos agradecer la compañía, la presencia en mí de tantas ausencias que me acompañan, de tantos momentos irrepetibles que habitan en mi memoria y mi corazón. Cada vez me cuesta menos dejar de luchar por lo imposible y soltar lo que se tiene que ir. Cada vez me cuesta menos ver que es más lo que tengo que lo que me falta, y si me fijo bien he recibido más de lo que doy. Agradezco pues a todas mis ausencias y las que no, la compañía en el camino, la mano tendida y el amor que en mi siento volcado.
Cada vez me cuesta menos… Gracias
Dedico estas palabras a mi hermano Paco el Rubio y a toda su familia, y por supuesto a nuestro Lelo.
HERMANN HELBUSCH
