TENTENIGUADA ILUMINA SUS FIESTAS CON LA AUSENCIA DE LELO

Sergio, Javielillo y Pepe protagonizan un pregón cargado de memoria, humor y emoción, marcado por el recuerdo de Lelo y la identidad popular de Tenteniguada.
El circo montañoso de Tenteniguada encierra, en las formas de sus altas cumbres, las sombras que le dan una identidad espectacular durante la noche: una cima imponente, destellada de luces y casitas que cuelgan escalonadas ladera arriba, entre un laberinto de callejuelas, fincas, terrazas, estanques y vegetación abundante que enriquece la ruralidad de su altura geográfica.
El comienzo del verano es también el momento de celebrar el inicio de sus fiestas patronales en honor a San Juan Bautista, un patrón que trajo esencia a este pago de Valsequillo, convirtiendo su celebración en todo un hito histórico y popular. Tenteniguada siempre se ha caracterizado por tener sus propios frentes de revolución social, siendo políticamente uno de los núcleos más exigentes y comprometidos con el bienestar de sus vecinos.
Sonaron los caracoles —bucios— para anunciar el pregón en la plaza nueva, donde un nutrido grupo de vecinos acompañó el acto, marcado por el recuerdo perenne de quien hizo honor a Tenteniguada en la comunidad de Valsequillo: Lelo. Fue, entre aplausos contenidos, el motivo y la razón principal de una esencia que condujo a los vecinos al aprendizaje, al compromiso y a la iniciativa. Su brillo queda inmortalizado en el recuerdo de todos.
Esta vez, la Comisión de Fiestas preparó un pregón diferente, en riguroso directo, a cargo de tres personajes del pueblo que forman parte de la idiosincrasia de Tenteniguada. Sus experiencias desde la niñez, sus vivencias y ocurrencias de juventud mantuvieron viva la esencia de su trabajo y de su vecindad. Ellos recordaron cómo, de niños felices, asistían con trajes nuevos a San Juan después de los arreglos de costura. También cómo llevaban sus animales de compañía cotidiana para ganarse unos durillos y algunos regalos en la feria de ganado, o para gastárselos después en las casetas de la feria, en las escopetas de balines, en los cochitos o en el tío vivo.
Recordaron, además, el menú de las fiestas como una reliquia de la cocina de entonces: sopa de pollo y ropa vieja, o carne en salsa. Compraban turrones, tomaban chocolate, bailaban en las verbenas, se emborrachaban en las cantinas y arropaban la procesión; todo con esa infinita identidad de medianías que los hacía libres y orgullosos de su sentimiento de pertenencia.
Ya en la juventud, organizaban campeonatos de futbito en la cancha, slalom de coches y la tradicional romería. En aquellas ocurrencias convirtieron un buggy en castañero ambulante, con su primera carroza; o, disfrazados de mineros, perdieron la mina construida y, vestidos como quien sale de las entrañas de una galería, se fueron en la guagua para Valsequillo, con las botas de agua, los chubasqueros y los cascos con luces.
Fue una memoria sencilla y directa. Para matizar el cierre del acto del recuerdo, reinterpretaron un trío de mariachis —en escala en hi-fi— para cantar, gesticulando, El aventurero, entre las risas divertidas de los vecinos. Y es que las fiestas con esencia comienzan en la sencillez y la creatividad del pueblo y de su gente.
Así, Sergio, Javielillo y Pepe decidieron salir del anonimato y convertirse en pregoneros de San Juan de Tenteniguada.
Feli Santana
