HYPATIA REÚNE PENSAMIENTO Y LETRAS

Los viejos laureles que dan sombra a la fachada de la iglesia de San Miguel dejan caer sus siluetas sobre el altar histórico de la plaza. Las dulces briznas juegan a barrer sus hojas de un lado a otro de la senda del camino viejo. En la hermosa fachada de este rincón se instaló la casa de las letras, en homenaje a don Benito, cuyos antepasados descubrieron en estas medianías el rigor de la vida rural.
La biblioteca conecta con el peso de la historia atrapada en los cantos de los libros. Y, en silencio, escucha a autores, escribientes y tertulianos. Puntualmente se reúne allí el grupo de lectura Hypatia, para desgranar autores y libros, para charlar de letras y encuentros. Este poder de atracción por la literatura arrancó hace ya algunos años y, en esta última etapa, ha dado un salto notable en participación y en el eco que trasciende a su entorno, tomando el pulso a la cultura social.
Rosi, nuestra poetisa Mar Zeraus, coordina como un hada madrina las tertulias, programa visitas culturales y acerca a los autores para compartir su esencia con la curiosidad lectora. Este santuario de la palabra engancha a fieles y esporádicos, hasta el punto de tener que dividir los grupos para poder conectar con todos. Wika asiste y congratula la imagen municipal del bien común como un regalo de libro.
Ayer, en el fin de temporada lectora, la autora Andrea Cabrera kñallinsky nos metió en La galería de los antepasados, para desmenuzar la vida cotidiana familiar de los años veinte, con el halo de una narrativa de ficción latente y unos diálogos exquisitos de personajes y circunstancias que te llevaban a recrear tiempos duros y reales, arrastrados desde un pasado todavía vivo.
La bondad de las mujeres de aquellos tiempos me retrotrajo a mi querida abuela Nora, que tocó tres siglos de existencia y ordenó la vida de la casa grande, de la sociedad pobre y de la necesidad imperante.
El misticismo se vuelve magia en la ternura de la poesía narrativa, y su inspiración nos puede llevar a interpretar una realidad llena de encantos que hilvanan el cuento, aunque sacuda las referencias, enlazando uno y otro lado con una trama exquisita de personajes conectados en el tiempo a través de azulejos misteriosos.
Valsequillo encuentra en su aforo social razones para ampliar su demanda, fortalecer sus credenciales y contribuir a enriquecer de salud cultural este pueblo. Curiosamente, es un gancho que ha encontrado en las juventudes veteranas un mandato de existencialismo y disfrute.
La tarde se llenó de risas divertidas en la terraza de La Madriguera, ahora rebautizada y remozada, alumbradas por las viejas farolas que acompañan la amistad. El verano inminente asoma su rostro en el aire que pasea.
Hypatia es feliz.
Feli Santana
