TIZNAO (3)

Pronto comenzó a correrse la voz de que el hijo del Tiznao había desaparecido, y al primero que interrogaron fue a su amigo, Miguel el Canelo, y fue gracias a él que pudieron imaginar por los andurriales por los que podría haberse metido el Tiznao, y según comunicó que podría ser que hubiera tomado el camino de La Media Libra de Pan.
El asunto pasó a mayores, el cura que estaba con la cara en colores por los efectos de su fervor por la sangre de Cristo, y con una media sonrisa por la inercia que le provocaba en tener a Cristo corriendo por su cuerpo, cambió a un blanco sudoroso y se reflejó en su rostro un ictus de terror, pareció como si el Santísimo Cristo en persona le hubiera retirado su sangre del cuerpo y lo hubiera rellenado con leche de tabaiba.
Tan solo atinó a persignarse y buscar asiento, el resto de interrogadores entre los que estaba el alcalde, dieron un paso atrás, ni uno solo de los vecinos fue capaz de articular palabra por un buen rato, finalmente decidieron esperarse al alba para asomarse al camino y ver si aparecía, tal era el miedo que venía de generaciones atrás, y que por último había alimentado don Vicente el cura, recurriendo a este para llevar su rebaño al redil del Señor y salvar a todos del poder del Maligno.
Aurelita por su parte comenzó a culpar a Cornelio de las Lamentaciones: – “¡sos tú el que no ha metido al chiquillo en vereda! ¡Es que eres más inútil que una josa izquierda! Mal rayo junda este mundo…” el pobre hombre agachaba la cabeza esperando el momento para salir de aquella tormenta, por si no fuera poco con la que tenía, le tocaba aguantar el temperamento de aquella mujer -”el cura buscando a Maligno y lo tengo yo en mi casa…” mascullaba el infeliz cuando se quedaba a solas.
Fueron tres días con sus tres noches los que pasaron hasta tener noticias de Pablo el Tiznao…
El muchacho se disponía a pasar su primera noche en solitario. Nunca en su vida había estado fuera de su casa solo, y de noche menos, la que le esperaba con Doña Aurelita no la quería ni imaginar. A medida que avanzaba la noche la oscuridad comenzó a alimentar aquella cabeza de miedos, el frío dentro de la cueva era soportable, pero el hambre se apoderó lentamente de sus pensamientos, decidió que la mañana siguiente se pondría en marcha, seguro que la niebla habría desaparecido y daría con el camino de vuelta…
El inocente pasó la noche en un duermevela, en el que se mezclaban los cuentos del Canelo, el hambre acumulada y sonidos desconocidos que aceleraban su imaginación. Por momentos veía la silueta del Perro Maldito, y por momentos veía viejas de velo negro, de las que tanto se había burlado cuando se las oía al Canelo, así entre perros y viejas pasó los ratos que el sueño no logró llevarlo a su reino.
HERMANN HELLBUSCH
