LA FLOR DE MÁLAGA (1)

Esta provincia andaluza atrapa al viajero en sus calas de mar azul paradisiaca, en su sierra escondida entre olivos y algarrobos salpicada de peñascos vertebrados, en sus secos campos de agricultura. Desde el boom turístico de la España de sol y playa, las costas andaluzas son enjambres concentrados de urbanizaciones de jubiletas de Europa, que han encontrado cabos y peñas donde estirar las patas al sol. 

Mientras la energía les aletarga en sueños de veranos interminables. Sus modernas instalaciones consiguen los llenos permanentes, y la «dolce vita» de la dieta soleada Mediterránea.

Venia buscando esencia y encontré pasión, venía a devolverle a mi memoria la historia de una flor que no encontré y me sorprendió la enorme urbe que creció al lado del mar. 

Málaga es una enorme ciudad llena de contrastes y alimentada por una tradición, la del culto institucional del poder sobre el pueblo, con los mejores aciertos y las peores virtudes. Aciertos: ciudad culta, llena de Museos y tradiciones a las que el culto convoca con absoluta credencial y respeto. Lo negativo: Una ciudad sucia, llena de contrastes, de pobreza y abandonos fusionado en los perímetros del extrarradio.

Es verdad que hace escasos quince días vivieron una de las tormentas de arena africana más potentes que se recuerdan, pero ya se podían lavar las calles y quitar las secuelas.

El centro y casco histórico viviendo una semana de auténtica pasión de cristiandad. La semana santa es un eslabón espiritual arraigado al pueblo andaluz, donde el arte sacro se confunde con las bandas de música y desfile enaltecidos de la legión. Los costaleros levantan tronos súper pesados, con el sufrimiento de Cristo, los llantos y gozos se confunden en un fervor inexplicable de un pueblo que vive fascinado y emocionado su espiritualidad. Evidentemente hay que sentirlo para buscar alguna explicación racional.

Visitamos el museo del vehículo antiguo, señalizado por las calles como bien de interés cultural. Maravilloso el culto al arte de los vehículos y a la moda. Vanguardista museo en un escenario de auténtico nivel. Entre el mar y el casco histórico, antigua fábrica de tabaco. ¡Qué lujo!

Hoy estrenando una 1250 GS. Tan solo 17 km. Curiosamente, no es la moto de mis amores y se acerca tan solo en el concepto trail a mi estilo. Llevo mal lo del peso y el exceso de tecnología. Sin contar los golpes de las canillas con los cilindros y subirla al caballete central. Por lo demás es soportable y hasta divertida si te atreves a susurrarle a sus caballos.

No hubo tiempo de más, llegamos tarde y tan solo tomamos contacto y pulso a la ciudad y la moto. Las aceitunillas de aquí abajo verdes y mollares, que delicia. Siempre que la Alhambra esté bien fría… Por supuesto de la cocina y tapeo tomamos nota.

Mañana tiramos para Granada. Antes intentaremos descubrir razones para vivir la emoción de la vida.

FELI SANTANA

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