HOYA DE LA CEBADA, EL MUNDO Y LAS TEDERAS

Desde que iniciamos este periplo de descubrimiento de los rincones de la isla redonda de Gran Canaria, nos hemos reencontrado con esa otra parte de la geografía que nos sorprende por su espectáculo de lugares mágicos llenos de encanto. Y es que cada sitio que localiza nuestra mirada es mucho más que esa visión, hay que escudriñar el paisaje, hablar con los paisanos, recorrer los recovecos sin prisas, deteniéndonos hacer fotos y descubrir con curiosidad lo que desconocemos.

Seguimos en la zona Sur, esta vez como anticipo a la gran fiesta canaria de las Viejas Glorias a celebrarse en Santa Lucía de Tirajana, ese pueblo de medianías a cumbres que nace en la bahía de formas y llega casi al techo de la isla por la Mesa de las Vacas, describiendo tan solo una franja estrecha de aproximadamente 10 km de ancho por cerca de 40 de largo; así es este municipio en geografía sobre el mapa. 

El pueblo histórico de la zona alta, todo un vergel de oasis y paz, es uno de esos lugares que tienes que verlo con detenimiento para descubrir cuánta belleza encierra entre olivos y palmerales. Entramos por la Hoya de la Cebada acceso que encontramos viniendo por Temisas, antes de la primera rotonda del pueblo, bien señalizado a la derecha, avanzamos por esa hoya hasta llegar al mirador de las Tederas, una magnifica atalaya sobre el gran valle de Santa Lucía. Desde ahí encontramos varias intersecciones de caminos para el turismo rural de montaña. Los accesos por las vueltas de Adeje hacia las cumbres de la isla por la sepultura del Gigante o al barranco de Guayadeque por los Guaniles. Otra bonita opción es subir la Cruz del Siglo para tener una toma aérea mientras nos dirigimos hacia Temisas.

Podemos realizar el paseo hasta aquí en moto y bajar por el Mundo, entre olivos que nos recuerda los pueblos blancos del sur peninsular con callejones y huertas entre gallinas y pájaros con el sabor a vida rural. Llegamos a la plaza de Santa lucía a través de estos laberintos que conforman una vecindad curiosa de orden y limpieza de puertas afuera, recreando el encanto del casco viejo, con las torres y el campanario de Santa Lucía tallado en piedra, dibujado entre las copas de las palmeras.

Allí a la sombra de los nogales, descubrimos la infinita paz de la vida en un pueblo pintoresco, que armoniza con las rutas de montañas más usadas por el motociclismo en Gran Canaria. Un pueblo que ofrece una restauración importante para la cantidad de visitantes que recibe todos los fines de semana y cuyo encanto ha quedado más que resuelto en las tertulias moteras. 

Aprovecha este Viejas Glorias para conocer el pueblo, escaparte a descubrir sus rincones y gozar de su infinita tranquilidad con el sabor especial entre aceitunas y dátiles. 

¡Conoce, descubre y cuida tu isla!

Feli Santana

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