EL GALLO DE ISIDORO

Feli Santana
Feli Santana cargado de anécdotas y costumbrismo

Isidoro Monzón nació en 1942.  Vivió toda la vida en Las Rosetas, arriba los Solapones. Detrás de la Montaña el Palmital.

Un hombre cortito pero avispao, tenía la rara costumbre de pagar los favores con trueques domésticos.

Cómo siempre estaba denunciando a todo el mundo en el cuartelillo de la Guardia Civil y en enredos con la justicia tenía fijo el bolso preparado y la lengua afilada para sus intereses.

Solía llevar bolsas de hortalizas, papas, pájaros, zanahorias, habas. Todo lo que plantaba y no vendía, porque los vecinos estaban escarmentados de él.

Antes de que le atendieran los médicos o abogados o notarios les entregaba el regalo para ablandar las demandas y conseguir tratos de favor.

Cierto día que tenía un juicio pendiente que ganar sobre las lindes de un cacho tierra en la Suerte el Banco,

Cogió el coche de hora y tiró pal juzgado de Telde con una caja cartón, amarrá, con un cordel y con un precioso gallo de corral dentro.

Todo el camino el gallo con el movimiento cacareaba y él mandaba a callar.

Sssssshhhhh. .!! Con cierta culpabilidad.

No era hombre de dar explicaciones, porque siempre parecía que ocultaba un plan secreto.

Un gallo como el de Isidoro

La fiesta se produjo entrando a los juzgados de Telde, cuando en un tropiezo se le cayó la caja, se partió el cordel y se liberó el gallo…!!

Aay. Ya ay.!! El gallo..!! Cógelo..  Agárralo.!! decía a un montón de gente que salía y entraba al juzgado

El gallo libre y perseguido inicia el despegue. Revolotea en círculos buscando un palo. Se equilibra encima la puerta..!!

Ve la luz del día fuera y sale volando por la puerta del juzgado.

Agárrenlo. .!! Agárrenlo. Que no hace nada. Sidoro corría desbocado por la calle. En medio de los frenazos de los coches detrás del gallo.

Este, en su libertad cruza el Sindicato los plátanos, Pérez Camacho, San Juan y entró buscando el verde por el callejón de la Fuente.

Y lo último que se supo del gallo volador es que traspuso el Bailadero pal barranco Telde.

Esta vez no sólo perdió el gallo sino hasta el juicio por no presentarse en hora.

Y es que cuando te metes con la justicia, acabas ajusticiado.

FELI SANTANA

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