TILICO

Aquel hombre no salía de un pleito para meterse en otro, no era ni siquiera de estatura media, más bien era bajito, pero se le adivinaba la sangre tan solo de verlo. Cuando trabajaba era un animal, pero las copas lo acompañaban en todas sus andanzas, y no era de extrañar verlo en ocasiones con papeles bajo el brazo buscando apoyo para sus pleitos legales que paseaba por los cafetines de la zona.
Todo el que sabía de él lo esquivaba, y más si llevaba aquellos papeles, pues en tal caso había que atender a la explicación sesgada de todo el pleito contenido en ellos. Llevaba además la cuenta de las personas que lo veían en la parada y no lo llevaban… “Yo conozco una perrrrsona que pasó por Telde y no me llevó…” o “¡El otro día te vi, y no me llevaste…!” frases recurrentes para tales casos, y tras decirla su cara mostraba una mueca de contrariedad característica en él, “tú lo que eres es un gelipollas…” seguía la retahíla de quejas entre copa y copa.
En cierta ocasión fui testigo de una acalorada discusión con otro de los personajes recurrentes por aquella época en el “complejo”, como llamábamos al piscolabis de Dominguito el sastre los habituales, denominándolo así por darle postín a las Casas Baratas y alrededores, el motivo del desencuentro no lo recuerdo, pero aburrió a su rival que terminó marchándose del bar, y se viró hacia mi diciendo: “este tío es un gelipollas…”, y yo cometí el error de felicitarlo por su templanza cuando el rival mentó a la madre, “¿cómo, que er gelipollas ese nombró a mi madre…?” para que fue aquello, salió en su busca como si no hubiera un mañana… nos olvidamos de él por un rato, cuando volvió sin haberlo encontrado nos dijo en voz alta, -“voy a buscar a la polecía” le dije: -“¡coño Tilico y qué vas a sacar con eso?” -”ese cabrón tiene el coche mal aparcao, lo voy a denunciar…”
Este era el personaje, solía además ir al puerto a visitar a unas amigas, dónde le sacaban los cuartos y algunas cosas más que no vamos a mencionar… en cierta ocasión me lo crucé cuando regresaba de una de estas visitas, y le habían dado una paliza…, venía con la cara de la niña del exorcista, pero con una sonrisa de oreja a oreja -”¿qué te pasó Tilico?” y con una cara de felicidad, no cualquier felicidad, una felicidad en la que los ojos sonreían y brillaban más que su boca me dijo el amigo: -”me acaban de dar una jalá en el Puerto…” le contesté: “y encima que te pegan ¿vienes riéndote?” y me dice nuestro hombre sacando un fajo de billetes del bolsillo de la camisa: “es que tenía el dinero aquí y no me lo quitaron…” tras lo cual sonrió más si cabe, aquello fue una verdadera victoria para el amigo. Lo dejé y mientras se perdía con el pecho inflado de orgullo calle arriba y desaparecía tras la puerta de un bar.
Todavía lo veo pasar por ahí, pero tan solo la sombra de lo que fue, para tranquilidad de muchos, ahora da el coñazo de otra manera, donde hubo siempre queda, y hay hasta quién cuando lo ve comenta “ya coño, no vamos a llegar más nunca…” esto último por motivos ajenos a la bebida. En fin, todavía sigue dando rueda Don Tilico…
HERMAN HELLBUSCH
