LO VOY A DECIR CLARAMENTE: NAZIS

Ya sé que hay una crítica (legítima) que dice que se abusa del calificativo «fascista» o «nazi», y que, cuando se hace un uso excesivo de estos términos, acaban perdiendo su sentido. Se banaliza el fascismo. Si cualquier cosa es fascismo, al final, nada lo es.
Entiendo esa crítica y creo que hay que ser rigurosos a la hora de describir las cosas políticas.
Bien. Dicho esto, a esa turba que ha ido a quemar un campamento de inmigrantes en Ceuta al grito de «A por ellos, oe», «Invasores, expulsión», y con grandes banderas de España, ¿cómo los llamamos?
Lo voy a decir claramente: NAZIS.
Son nazis, con todas las letras. Y no lo digo gratuitamente. Lo digo por varias razones:
1. Porque creen que la identidad nacional está en peligro, amenazada por gente de otro color. La idea de que existe un «nosotros» nacional que está siendo amenazado por un «ellos» extranjero, racializado y «peligroso» es directamente nazi.
2. Porque establecen una jerarquía cultural y humana. Habría una cultura propia, superior o legítima, y otra, la magrebí, presentada como inferior, incompatible o amenazante.
3. Porque van «a por ellos» por su origen y su color de piel. No persiguen a alguien en concreto por haya «hecho algo», sino a un colectivo identificado por su procedencia, su aspecto y porque son inmigrantes.
4. Porque son, por definición, abusadores del más vulnerable. No sienten compasión ni siquiera ante personas que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad: les convierten en objetivo precisamente cuando menos capacidad tienen para defenderse.
5. Porque no hay derecho aplicado a cada individuo, sino culpa colectiva. No importa quién es cada persona, qué ha hecho o qué no ha hecho: todos son juzgados por un único «delito»: ser de fuera.
Para los nazis eran los judíos; para estos, los magrebíes. Así de simple.
Por todos estos motivos creo que a veces utilizar la palabra «nazi» no banaliza el fascismo, sino que es necesario para identificarles y reconocer un fenómeno que está pasando ahora.
Porque el problema es que ahora son más que hace unos años. Están creciendo. Y reconocerlo no es exagerar lo que ocurre, sino entender que tenemos delante un fenómeno político en auge y que, por tanto, requiere una respuesta política organizada.
Hay que estar preparados para combatir sus ideas y sus prácticas. No dejarles pasar ni una. Ni en Torre Pacheco, ni en Ceuta, ni en Hernani.
ANDER JIMÉNEZ
