OPINIÓN

AGUACANA, CUANDO EL AGUA TAMBIÉN HACE PUEBLO 

Hay historias que no hace falta buscar demasiado lejos. Están aquí mismo, en nuestro pueblo, en nuestras calles, en gente que hemos visto durante tantos años que casi ni nos damos cuenta de lo que han significado.

La historia de Aguacana es una de esas, y detrás de Aguacana está Román Altuna.

Pero yo creo que sería injusto contar esta historia solamente hablando de una empresa y de agua embotellada. Porque cuando uno mira un poco más allá, se encuentra con otra cosa.

Se encuentra con un hombre que llegó a Tenteniguada, echó raíces y terminó siendo uno más, y eso en un pueblo como el nuestro, tiene mucho valor, porque aquí uno puede llegar de afuera, montar un negocio y ganarse la vida. Pero una cosa es trabajar en un pueblo y otra muy distinta es acabar formando parte de él, y Román lo hizo.

Aguacana empezó de una manera mucho más pequeña de lo que después llegaría a ser. Las primeras instalaciones estaban por El Montecillo y con el tiempo, la empresa fue creciendo hasta llegar a el Troncón. Y por el camino fueron pasando muchas cosas, y es que detrás de una empresa hay personas.

Gente que encontró allí un trabajo, familias que tuvieron durante años un sueldo en su casa, vecinos que pudieron echar una temporada, completar una cotización o simplemente tener una oportunidad cuando no era tan fácil encontrarla, y eso también forma parte de la historia de Aguacana.

A veces hablamos de una empresa y parece que estamos hablando solamente de máquinas, números, botellas y facturas, pero es que detrás de todo eso hay gente, y en un pueblo pequeño eso se nota. Porque cuando una empresa da trabajo a vecinos del municipio, de alguna manera también está formando parte de la vida del pueblo.

Después está el agua, la Fuente Umbría, agua de Tenteniguada, agua de Valsequillo, y eso tiene su cosa. Durante mucho tiempo hemos podido encontrar fuera de aquí botellas con un nombre que nos recordaba de dónde venían, pero esta era de aquí, Fuente Umbría.

Y luego llegaron otros nombres, otros aprovechamientos y otras historias alrededor del agua. Pero para muchos de nosotros Aguacana siempre estuvo ligada a aquello, a las aguas de aquí, a los pozos, a Tenteniguada y a una empresa que fue creciendo alrededor de algo que, dicho así, parece sencillo, PERO SENCILLO NO ES.

Detrás del agua que llega a una botella hay trabajo, permisos, controles, instalaciones, gente y muchos problemas que resolver, y Román estuvo ahí durante todo ese recorrido.

Pero Román no fue solamente Aguacana, y aquí es donde, para mí, está la parte más importante de esta historia. Porque si Román fuera solamente el empresario de Aguacana, seguramente no estaría hablando de él ahora. Lo que hace que una persona termine formando parte de un pueblo es otra cosa.

Es estar cuando hay que estar, colaborar con las fiestas, ayudar con el deporte, arrimar el hombro con las cosas del pueblo, echar una mano cuando alguien se acerca buscando trabajo, ayudar a una familia que lo está pasando mal, colaborar con una asociación, con una actividad, con una iniciativa. Muchas veces esas cosas no salen en ningún periódico, ni falta que hace, en los pueblos estas cosas se saben, aquí no hace falta que nadie venga a contarnos quién ha ayudado y quién no, al final nos conocemos todos y después de tantos años, mucho más.

Y también está el fútbol, que tampoco todo iba a ser el agua, trabajo y empresa. Román también tiene esa otra parte que lo acerca todavía más al pueblo, el fútbol. El equipo de Tenteniguada, la camiseta, los partidos, los disgustos y alguna que otra alegría, que, eso me cuentan, tampoco han sido tantas, vamos a decirlo claro.

Y siendo además de la Real Sociedad, ya tenía aprendido desde pequeño lo que es eso de sufrir por el fútbol. Esas cosas también suman, porque no te haces de un pueblo solamente porque tenga allí una empresa, te haces de un pueblo cuando compartes sus cosas, conoces a su gente, te preocupas por lo que pasa, cuando disfrutas las fiestas, cuando te cabreas con el fútbol, cuando se ve que te alegras por los demás.

Cuando lleva tantos años aquí que ya nadie piensa en preguntarse de dónde vino, simplemente es Román, el de Aguacana, el de Tenteniguada, uno de los nuestros.

Y un día llegó el reconocimiento, Valsequillo terminó reconociendo públicamente esa trayectoria con la Almendra de Plata. Y me parece que hay reconocimientos que tienen más valor cuando uno conoce la historia que hay detrás.

Porque una distinción no resume una vida, ni una empresa, ni todos los años de trabajo, pero sí puede servir para decir algo que muchas veces dejamos para cuando ya es demasiado tarde, Gracias.

Gracias por el trabajo, por haber creado oportunidades para mucha gente, por haber colaborado con el pueblo y, sobre todo por haber estado ahí. También por haber echado raíces aquí, porque eso no siempre pasa. Hay gente que llega, trabaja unos años y se marcha. Y hay otra que llega, pasa media vida aquí y cuando uno habla de ella ya ni se acuerda de que algún día vino de afuera.

Aguacana cambia, pero hay cosas que quedan, la empresa ha cambiado es normal. Cambian los tiempos, cambian las personas, cambian las empresas y cambian también las formas de hacer las cosas. Aguacana tiene hoy otra etapa y otras personas al frente.

Pero hay una parte de su historia que ya no se puede cambiar, la que está ligada a Tenteniguada, a Valsequillo y a Román.

Porque durante muchos años Aguacana no fue solamente una empresa que vendía agua, fue una empresa donde trabajaron vecinos, que estuvo presente en las cosas del municipio. Y detrás de ella hubo una familia y un hombre que terminaron formando parte de la vida de este pueblo.

Y quizás al final sea eso lo que queda. Las botellas se acaban, las máquinas cambian y los años pasan. Pero uno se acuerda de la gente, de los que trabajaron allí, de quien alguna vez echó una mano cuando hacía falta, de las fiestas, del fútbol, de las conversas y de tantas cosas que forman parte de la vida de un pueblo.

Y esa cosa tan nuestra de que, cuando alguien lleva mucho tiempo aquí, dejamos de decir que vino de afuera. Ya es de aquí.

Y cuando alguien pregunta por Román, seguramente habrá más de uno que diga, ¿Román? Sí, hombre… el de Aguacana, y con eso está dicho casi todo.

Porque en un pueblo como Valsequillo, después de tantos años, que la gente te recuerde por tu nombre, por lo que hiciste y por la forma en que estuviste con los demás… eso vale bastante más que cualquier título.

Y yo creo que esa es, de verdad, la historia de Aguacana.

La historia de una empresa, sí, pero también la historia de una familia, de un agua de aquí y de un hombre que llegó a Tenteniguada y terminó siendo parte de ella.

MIGUEL MONZÓN

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