EL RIESGO DE CAER EN LA PRECIPITACIÓN

CONFILa batalla contra el coronavirus Covid-19 parece empezar a dar sus frutos. En toda España y en particular en Canarias. Es lo que reflejan las cifras de infectados y fallecidos, si bien queda en el aire la duda sobre si el número oficial de muertes por la pandemia debe ser revisado ante la sospecha de que se produjeron muchos óbitos cuya causa última se desconoce con exactitud, mientras que, en cuanto a las personas portadoras del virus, también hay reservas por la escasez de test fiables.

 

En ese contexto de relativo optimismo, empeñados como estamos en querer ver algo de luz al final de este trágico túnel, se ha puesto sobre la mesa la conveniencia de diseñar ya la llamada desescalada, esto es, el progresivo fin del confinamiento domiciliario, hasta recuperar la plena normalidad. Preocupa que esos planteamientos salgan sobre todo desde la esfera política y casi nunca desde el ámbito de la ciencia y la sanidad. Ahora más que nunca los gestores de lo público tienen que dejarse llevar por los criterios de los expertos en epidemiología, así como por quienes conocen con exactitud la capacidad de nuestro sistema sanitario para afrontar un posible -y ojalá no suceda- rebrote de infecciones. No hay que olvidar que estamos ante una enfermedad de la que todavía se sabe muy poco, para la que no hay vacuna a fecha de hoy y donde solo un país -China- está iniciando la superación del primer brote. Cualquier error puede derivar en consecuencias todavía más trágicas y esto es lo que debe primar ahora en la toma de decisiones.

Es incuestionable que el confinamiento y la prolongación del mismo genera incomodidades. Como también lo es que su coste económico tiene un impacto brutal, que será todavía mayor y que se extenderá en el tiempo ante la certeza de que una economía dependiente del turismo -como es el caso de Canarias- no se reactiva de la noche a la mañana. Pero incluso pensando solo en esa imagen de las islas en los mercados emisores de visitantes, hay que preguntarse cuál sería el precio de precipitarnos en la vuelta a la normalidad y recaer a las primeras de cambio con nuevos focos de infección. Entonces, además de las vidas en riesgo -que es, insistimos, lo primordial-, se estaría tirando por la borda todo el trabajo realizado.

El sondeo del Instituto Perfiles cuyos resultados empieza a publicar hoy CANARIAS7 refleja que la sociedad isleña es mayor de edad, que quiere que se le hable con sinceridad, desde la transparencia y sin eufemismos, y que acepta el sacrificio del confinamiento porque es consciente del riesgo de no respetarlo. Desde esos parámetros, mucho cuidado con la precipitación. Porque recuperar la economía será difícil y muy costoso, pero peor será enfermar. Mucho peor.

EDITORIAL C7

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