QUE MIEDO, LA NUEVA IA

Estamos perplejos de inteligencia artificial, todo ello gira en un nuevo mundo tecnológico, lleno de ondas expansivas y acaparamientos invisibles, que cuestionan el pensamiento libre y personal, ese que debe ser intransferible, para hacer más imbéciles a la humanidad, más dependientes, de la “caja lista”, del PC -Antes la tele, era “la caja tonta” recuerdan- Así resumía uno de los pensamientos más activos y prolíficos, del siglo XX. «Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad «El mundo solo tendrá una generación de idiotas» Albert Einstein.
Si estas desconfianzas ya polarizaban las profecías, de las más ilustres fuentes de sabiduría, hay que despertar en el comedor de esos sueños que ya desarrollaron autonomía e interacción, que ya forman parte de la servidumbre de un nuevo orden cósmico de la humanidad. Frente a tamaña dimensión de servilismo, la ciencia, se expande para distribuir mejor su riqueza, imponiendo las leyes éticas y morales y dando un enorme juego de conocimientos a los principios, con todo el poder de una maquinaria arrolladora e inteligente, capaz de pensar con el análisis de millones de datos. Que miedo la IA. Si tan solo un pequeño porcentaje de la humanidad es capaz de interactuar con esta inteligencia y verificar en quien estamos depositando el control. Es inevitable el recelo a una tecnología que no da tiempo a digerir, por la velocidad de sus neuronas inalámbricas, que saltaron del cable al WIFI. En cero comas.
Y ahora en el pensamiento más cercano, interpretamos el chat GPT, que su potencial más fulminante, es reordenar la escritura, el arte, la creatividad, el pensamiento, las maneras de decir las cosas que vuelcas, buscando inspiración e investigando bibliografía. Los millones de escritores automáticos y oportunistas que ya comienzan a saltar para comerse el espacio con habilidad mercantil. Que miedo la IA. Si su poder de razonamiento ha multiplicado en miles las lecturas y los atajos, si sus millones de adeptos en redes, ven una revolución llena de oportunidades. Como pintar un Dalí o un Picasso con una millonada de pixeles de tonalidades cromáticas, y los mil y un garabatos almacenados en una conciencia ordenada.
En este pensamiento de intrusiva pereza, que no deja de ser un recelo más al porvenir, acabamos siendo detectives de lo auténtico, supervisamos la identidad con algún detector de mentiras, o agudeza mental de nuestra propia IN -inteligencia natural- O entraremos en modo idiota resignado y malévolo. Dejando el eterno dilema de la dualidad del bien y el mal. En su palabra más rotunda: La duda. Y en medio de estos párrafos de parroquiano inquieto con los relatos. Lanzo mi moneda. Habrá pasado este texto los filtros de la IA. Qué miedo. Usando mi sarcasmo propongo DIA como -Duda identidad artificial-
FELI SANTANA
