¿NOS ESTAMOS ACERCANDO A LA III GUERRA MUNDIAL?

El mundo vive un momento de gran tensión. Cada vez hay más conflictos abiertos y muchos de ellos están conectados entre sí. La guerra en Ucrania continúa, Oriente Medio vuelve a arder y las tensiones entre grandes potencias no dejan de crecer. Por eso algunos expertos empiezan a lanzar una pregunta inquietante: ¿estamos entrando en una nueva guerra mundial? El economista y profesor Jeffrey Sachs cree que es posible que ya estemos viviendo los primeros momentos de un conflicto global, aunque todavía podría evitarse. En este punto, algunos países intentan marcar una posición clara para frenar la escalada. España, por ejemplo, ha vuelto a recordar su postura con un mensaje sencillo que ya forma parte de su historia reciente: “No a la guerra”.
Para entender esta preocupación basta mirar lo que ocurre en el mundo. Las guerras ya no están aisladas. Lo que pasa en un país termina afectando a muchos otros. El conflicto en Ucrania enfrenta directamente a Rusia con Occidente. La tensión con Irán puede arrastrar a todo Oriente Medio. Y cualquier movimiento en estas regiones afecta a la economía mundial, al precio de la energía y a la estabilidad política de muchos países.
Según Sachs, detrás de todo esto hay una lucha por el poder mundial. Durante décadas, Estados Unidos ha sido la principal potencia del planeta. Pero el mundo está cambiando. China crece, otras potencias reclaman más influencia y el equilibrio global ya no es el mismo que hace treinta años. En este contexto, algunos analistas creen que Estados Unidos intenta mantener su posición dominante a toda costa.
En ese proceso, dicen, la política exterior estadounidense se ha vuelto cada vez más militarizada. Las decisiones se toman pensando más en la fuerza que en la diplomacia. Bajo el liderazgo de Donald Trump, esta actitud se ha vuelto todavía más visible. El lenguaje político es más agresivo, las amenazas son más directas y las soluciones diplomáticas parecen quedar en un segundo plano.

Otro problema es que las reglas internacionales que se crearon después de la Segunda Guerra Mundial parecen cada vez más débiles. Organismos como las Naciones Unidas se fundaron para evitar que el mundo volviera a caer en grandes guerras. La idea era sencilla: que los países resolvieran sus conflictos hablando y respetando unas normas comunes. Pero hoy muchos de esos acuerdos se cuestionan o se ignoran.
Cuando las reglas dejan de respetarse, el riesgo de guerra aumenta. Si cada país actúa por su cuenta y sin límites, la tensión crece rápidamente. Por eso algunos expertos creen que el ataque o la presión militar contra países como Irán no es solo un problema regional, sino una señal de que el sistema internacional está perdiendo estabilidad.
Europa también aparece en este debate. La Unión Europea nació después de la Segunda Guerra Mundial como un proyecto de paz. Durante décadas intentó ser un ejemplo de cooperación entre países. Sin embargo, algunos críticos creen que hoy Europa tiene menos autonomía de la que debería y que muchas veces sigue la política de Estados Unidos sin cuestionarla demasiado.
Detrás de todo esto hay una discusión importante: cómo debe organizarse el mundo. Durante años se habló de un mundo dominado por una sola superpotencia. Pero ahora cada vez más expertos creen que estamos entrando en un mundo con varias potencias importantes. En lugar de un solo líder global, habría varios centros de poder.
Ese modelo podría funcionar si las potencias cooperan entre sí. Pero si en lugar de cooperar compiten de forma agresiva, el riesgo de conflicto aumenta. Y cuando varios países con gran poder militar se enfrentan al mismo tiempo, las consecuencias pueden ser muy peligrosas.
La historia demuestra que las grandes guerras no empiezan de un día para otro. Suelen comenzar con muchas tensiones acumuladas, con conflictos que se van sumando y con decisiones políticas que aumentan la presión poco a poco. Por eso la situación actual preocupa a tantos analistas.
La gran pregunta ahora es si los líderes mundiales serán capaces de frenar esta escalada y volver al diálogo. Todavía hay tiempo para evitar un conflicto mayor. Pero para hacerlo es necesario recuperar algo que parece cada vez más escaso en la política internacional: el sentido común y la voluntad de cooperar.
Porque si algo enseña la historia es que las guerras empiezan por decisiones de los líderes, pero quienes terminan pagando las consecuencias son siempre los ciudadanos. Y en un mundo con armas mucho más destructivas que en el pasado, evitar un conflicto global debería ser la prioridad de todos.
José Félix Abad
